La agenda de una infértil

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Es de sobra conocido que la llegada de los bebés trae consigo agendas apretadas. Entre las horas de lactancia, el cambio de pañales, las visitas al pediatra y la necesidad de atención continua por parte del bebé, encontramos unas mamis que, especialmente cuando se reincorporan al trabajo tienen que hacer encajes de bolillos para llegar a todo.

Pues bien, querría hablar hoy de que para algunas esto empieza a pasar antes incluso de la concepción del bebé. Y es que la infertilidad tiene muchas facetas y una de ellas es para mí cómo ocupa gran parte de nuestro tiempo.

Empiezas con visitas a ginecólogos que, sobretodo si son por la SS, serán a las horas más intempestivas, veáse 11:30 de la mañana en un hospital en la otra punta de la ciudad. Por supuesto, la hora de la cita es aproximada y acabas entrando una hora tarde y habiéndote ausentado de la oficina dos horas un martes por la mañana. Y si fuera un hecho aislado no tendría importancia pero es que de esa cita surgen pruebas. Pruebas que requieren más ausencias, a veces del día completo como la histerosalpingografía.

Y en el trabajo ya no sabes qué inventarte. Porque el dolor de espalda que decías tener está complicándose tanto que has tenido que convertirlo en una hernia, y aún sólo estás buscando un diagnóstico.

Bien, os decidis a hacer un tratamiento por lo privado (en la SS no me imagino qué sería esto en términos de horarios). Más o menos consigues apañar las citas a primera o última hora del día y, a parte de los madrugones, tu vida laboral no se resiente demasiado. Eso sí, todos los días a la misma hora por el mismo reloj debes estar en casa para inyectarte lo que te toque ese día. Y cuando tus amigos se empeñan en quedar a las 21:30, tú sabes que a las 23:00 estarás en casa aunque tengas que pasar por encima de sus cabezas que es lo que normalmente termina pasando. Te tienes que inventar un dolor de tripa repentino que hace que te vayas casi sin despedirte. Por no hablar de si tienes un viaje en avión por trabajo y tienes que pasar las agujitas por el control y explicarlo delante de tus compañeros…Esto no me ha pasado pero lo temo más que a la peste.

En fin, llega el día de la punción. “Me tienen que hacer una prueba con sedación por el tema de la espalda” Y cruzas los dedos para que nadie te pregunte qué prueba es esa y por qué a su marido que tiene una hernia igual que la que tú dices tener no se la hicieron.

Y si todo va bien a los tres días transferencia. Y esta por lo menos ha caído en fin de semana. Toda una suerte en el mundo infertil.

A partir de ahí la betaespera. En estos días, a pesar de que tu trabajo es de oficina, tus compañeros te pedirán que les ayudes con las cosas más insospechadas que implicarán seguro levantamiento de peso, torsiones extrañas o celebraciones con cervezas. Y tú solo pensando, agárrate, por dios!

Y llega el temido día de la beta. La llamadita te pilla en la oficina. Tu jefe te está contando no sé qué tema importantísimo que no te puede ser más indiferente cuando suena el teléfono. Cara blanca, sudores, buscas un refugio aislado pero cercano, tienes que coger esa llamada. Y sólo un minuto después todo tu mundo se ha derrumbado pero tienes que volver con tu misma cara a la misma conversación con tu jefe que ahora te importa aún menos.

Y volver a empezar. Pero esta vez quieres controlar el proceso, no vas a dejar ningún cabo suelto. Por eso vas a acupuntura un par de días a la semana, te tratas con una nutricionista muy buena que has encontrado en foros y pides cita con la famosa inmunóloga. El tema inmunológico supondrá unas 10 llamadas a tu compañía de seguros para que te autoricen solo la mitad de las pruebas (a las demás invitas tú) y un número incalculable de tubos de tu sangre en distintos laboratorios. A estas alturas en tu trabajo ya sonrien cuando dices que hoy tendrás que salir un poco antes.

Pero todo se puede complicar un poco más si, como es nuestro caso, decides hacer el siguiente tratamiento en una ciudad a 400 km. Búsqueda de ginecólogos en tu ciudad que quieran hacerte las ecografías “por favor” sin pasarlas como tales, laboratorios que te puedan dar estradioles en un día…

Así el día de una infertil puede empezar perfectamente con una analítica a las 07:00 de la mañana de cuyo resultado que consultará online a las 11:00 depende que tenga que encontrar quien le haga una ecografía ese mismo día antes de las 18:00 hora a la que tiene acupuntura para a las 20:00 salir de viaje porque al día siguiente tiene cita con su doctora y encima sin buen pronóstico. Todo esto haciendo el pinopuente en el trabajo y con la música del circo de fondo que dice: Y ahora…el más dificil todavia!!

Y hasta aquí la agenda de una infertil….del bolsillo de una infertil ya hablaremos.

 

 

Nuestro camino hasta hoy

Nuestro camino en el mundo de la infertilidad empezó de una forma curiosa, con el típico “embarazo a la primera”. Así es, tras varios meses perseguida por mi novio al que le nació el instinto paternal mucho antes que a mi, decidimos probar suerte y ahí estaba, mi primer retraso, mi primer Clearblue y claramente decía “Embarazada 1-2 semanas”. No puedo mentir, me llevé más susto que alegría, aún no me había hecho a la idea y tengo un grandisimo sindrome de Peter Pan que enrarecía mi paso de hija a madre.

En cualquier caso, el susto-alegría duró poco. A los 5 días manchado y ecos sin imagen clara en útero. Se sucedieron visitas a ginecólogos que me repetían palabras que empezaban a ser familiares: líquido en trompas, pseudosaco, embarazo ectópico…Al final, ectópico o no, nunca se supo porque la beta bajó sola y aborté un viernes por la tarde en mi casa. Cerraba un capítulo doloroso y confuso pero con mucha incertidumbre sobre mi futura maternidad ya que la última frase de la doctora fue: “No lo vuelvas a intentar hasta hacerte pruebas, tienes un hidrosalpinx”.

Transcurridos un par de meses de mucho sufrimiento nos atrevimos a afrontar la temida histerosalpingografía que, para sorpresa de todos, aparentemente era correcta. Así que para casa y a quedarte otra vez a la primera, me dijeron. Intenté relajarme convencida de que no tenía nada, de que era una persona totalmente normal y ni test de ovulacion ni nada. A los 6 meses volvimos a los test de ovulación y a los 10 sin un simple retraso nos vimos en nuestra primera clínica de reproducción.

Allí las primeras pruebas decían infertilidad por factor masculino, “teratozoospermia”, en nuestro caso solo 1% de formas normales. Pero además mi reserva ovárica era anormalmente baja para mi edad. La antimulleriana de 1.0 con 34 años fue un bofetón de reloj biológico. Y así decidimos ir a por nuestra primera FIV que, sin duda, nos traería nuestro primer bebé. El siguiente ya lo haremos en casa, decíamos.

El resultado fue un ciclo en el que solo conseguimos dos embriones y una beta de cero, cero patatero. Fue un palo pero dijimos, es cuestión de probabilidad, volvamos a intentarlo. Así que, tras unas cortas vacaciones volvimos al mundo de las agujas .

Segundo ciclo FIV, otra vez dos embriones y esta vez beta positiva: 107!!! Una maravilla, lloramos, reimos y fuimos extremadamente felices durante cinco días. A partir de ahí sangrado y beta que baja, se repite la historia.

Aqui ya no culpamos a la probabilidad y estamos intentando llegar al fondo de la cuestión. Después de mucha investigación y visitas a muchos especialistas el diagnóstico es:

  • Factor de coagulación: Mutación homocigótica MTHFR
  • Factor tubárico: hidrosalpinx en trompa izquierda
  • Factor uterino: endometriosis profunda que quizás afecte también la calidad de óvulos.

El plan ahora es tratar de conseguir dos embriones que congelaremos. Luego me operaré para extirpar la trompa izquierda con hidrosalpinx (ojalá se pueda salvar la derecha) y arreglar un poco el útero con histeroscopia quirurgica y, por fin, transferencia cuando esté preparada. Para la mutación debo llevar heparina desde antes de la trasferencia.

Y en este punto estamos…aquí empiezo mi historia bloggera

 

 

 

¿Por qué un blog?

Desde que empezamos a recorrer este camino he aprendido mucho sobre la soledad.

Soledad por no tener a mi bebé conmigo. Soledad por tener que disimular que ahora solo le espero a él. Soledad porque otras puedan tener, tocar y hablar de sus bebés y yo no. Soledad por buscarle de una forma diferente a como lo hacen los demás. Soledad frente a los médicos que te hacen sentir sola y pequeñita. Soledad por no poder compartir la alegría de los demás. Soledad porque los demás no comparten mis miedos, mis decepciones y mis tristezas. Soledad porque solo yo cuento el dinero en ciclos FIV y el tiempo en tiempo desde el último ciclo y pendiente hasta el próximo.

Pero a veces hay ratitos en que no me encuentro tan sola. Cuando veo a mi novio pedirse una cerveza sin alcohol o cuando me abraza fuerte si nos cruzamos con una embarazada. Cuando mi madre me promete que todo va a salir bien, que lo sabe. O cuando encuentro blogs de chicas que hablan mi idioma, sienten con mi corazón y transitan por mi senda. A ellas les tengo mucho que agradecer, y a ellas me quiero sumar ahora con este blog. Porque no somos muchas pero somos unas cuantas. Porque no quiero que otras se sientan solas y porque yo necesito, escribiendo, sentirme menos sola también.