Decaefectos

Decaefectos

Quiero empezar diciendo, sobretodo para no asustar a nadie, que, en mi opinión, el mundo de los efectos secundarios es muy variado. La misma medicación puede tumbar literalmente a una persona y a otra no provocarle ni una mísera jaqueca. Dicho esto, quiero hablar hoy de los efectos secundarios que he tenido por la variada medicación que llevo consumida en este añito de tratamientos.

Cuando uno se plantea entrar en el mundillo de los tratamientos de fertilidad se escuchan/leen/imaginan historias de cómo la medicación te transforma tanto física como psicológicamente.

En mi caso, fisicamente, no me puedo quejar. Después de un año intenso con sus cinco estimulaciones, en el que no me he privado de casi ninguna medicación utilizable para FIV, he engordado un par de kilos. Y, la verdad, más que por la medicación, creo que ha sido por romper la rutina de ir al gimnasio o quizás por la dieta que sigo o intento seguir de Virginia Ruiperez. Es una dieta graciosa porque con tantas nueces y tanto cereal en cada comida al final te das cuenta que vas echando pancita…Al fin y al cabo lo que interesa es que nos haga más fértiles, engordar no importa. Como diría ese vasco en el chiste: ¿A qué venimos, a setas o a Rolex? Pues eso..

Psicologicamente, obviando a mi nuevo archienemigo el decapeptyl, no creo que ninguna medicación me haya afectado. Lo que afecta, lo que te agria el caracter, lo que te enfrenta con el mundo y contigo misma, es que tu camino parece tener más baches y curvas que el de los demás, las malas noticias, las esperas, en definitiva, el proceso. Pero creo que este proceso sin medicación, no sería mucho mejor (aunque sí bastante más barato).

Así que si hago un repaso de las medicinas que para mí han sido como agua, cero efectos secundarios, creo que estarían la mayoría. Pastillas como Progyluton, Proginova, Omifin, Esmya, Femara; inyectables para estimulación como Gonal, Menopur, Fostipur, Pergoveris, Orgalutrán, Ovitrelle, decapeptyl diario (no confundir con el mensual, llamándose igual no  se parecen ni un poco); cápsulas vaginales como Ultragestan; heparina…como si nada, absoluta normalidad.

Pero obviamente no todo es tan bonito y tengo un Top Three de medicamentos con los que preferiría no volver a cruzarme:

En el puesto número 3 tenemos a la Meriestra. Son unas pastillitas aparentemente inofensivas y que se tragan sin problema. Sin embargo, la primera vez que las tomé se me instaló un dolor de cabeza que me duró cada día de las dichosas pastillas, es decir, once días.

El puesto número 2 se lo daré a la Viagra. En intensidad, sin duda, lo peor que he probado pero pierde el puesto número 1 porque se toma poco tiempo, en mi caso fueron 5 días. Pero qué 5 días… Empecé con un dolor de cabeza tremendo desde la segunda pastilla y a partir de ahí, y desafiando la famosa ley de mi chico según la cual nunca te pueden doler dos cosas a la vez, empezaron a sumarse dolores. El tercer día tuve lo que según mis compañeros y por los síntomas, se parecía a un ataque de ciática en toda regla, dolor lumbar exagerado que bajaba por ambas piernas. Sólo decir que las últimas dos pastillas me las tomé en la cama…Pero sus efectos se fueron tan rápido como llegaron y el sexto día empezaba a inyectarme Pergoveris con una sonrisa de oreja a oreja.

Y sin duda (de momento) el puesto número 1 (And the Oscar goes to…): Decaputada o decapeptyl.

Desde luego me habían puesto sobreaviso, que si lo ves todo negro, que si no tienes ánimo para nada… pero yo pensaba, bueno, no será para tanto…La primera semana después de pinchármelo (en el día 21 de ciclo) todo estuvo tranquilo pero, de repente,sucedió. Un desencadenante estúpido sumado a mi falta de estradiol en el cuerpo y todo mi mundo se me derrumbaba. Pasaba del sentimiento de tristeza extrema al de soledad extrema o al de miedo extremo. Como veis todo feo y todo extremo. Y yo pensaba, no le hagas caso, es el Decaputada, no es real…pero sí es real. Lo que te pasa, los desencadenantes, son reales, simplemente te conviertes en una persona hipersensible que se sorprende de que en otros momentos la misma situación no te hubiera hecho daño. Y todo es gris. Y hay un nudo en la garganta. Y te duele la cabeza. Así fueron mis semanas 2 y 3. Esta semana que es la 4 me encuentro mucho mejor. La he dedicado al cuidado de mi cuerpo: depilación (que de sobra tocaba), manicura, pedicura y corte de pelo.

Pero, sin duda, no puedo confiarme porque mañana me pincho el segundo decapeptyl y es absolutamente imprevisible en qué me convertiré (Gremlin malo que ha comido después de media noche?). Solo me queda encontrar a alguien con quien jugar a la adaptación de “Culo o Codo” de El Hormiguero. Ese juego en el que salía una foto y había que adivinar si era un culo o un codo. En mi caso el juego sería Decapeptyl o Realidad y que alguien me ayudara a diferenciar mis sentimientos verdaderos de mi locura (espero) transitoria. Confiemos en que, al menos, esté comiéndose al mioma.

La excesiva felicidad ajena

Empatía: Participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona.

Yo hablaría de dos tipos de empatía, la de los demás hacia uno mismo y la de uno mismo hacia los demás. Supongo que es mucho más fácil encontrar la paja en el ojo ajeno y pensar en lo poco empática que es mucha gente con nosotros sin pararnos a pensar cómo somos nosotros con los demás. Pues bien, debo empezar admitiendo que la falta de empatía en este momento de mi vida es absolutamente bidireccional. Es decir, que las carencias de los demás las encuentro también en mi misma.

Y es que me cuesta mucho empatizar con el exceso de felicidad ajena. Me pasa principalmente con mi familia. Resulta que desde hace unos años y principalmente tras el nacimiento de mi sobrina (que es una cosita a la que adoro) en mi familia se ha instaurado la felicidad extrema. Cuando nos juntamos reinan las anécdotas graciosas, las reflexiones acerca de cómo se consiguen las metas y todo es estupendo. Entiendo que la vida tiene suficientes malos rollos como para regodearse y compartirlos en las reuniones familiares pero ante este cuadro yo o me limito a hablar de temas neutros (política etc..) o me quedo calladita jugando con mi sobri. Porque lo que me pide el cuerpo es gritar que no, que todo no está bien, que mi vida está patas arriba y que el juego de sonreír como si nada no va conmigo, no me gusta.

Pienso muchas veces en todas aquellas personas cercanas que han pasado por momentos difíciles y, sinceramente, no sé si he estado a la altura. Normalmente, si me he dado cuenta, he intentado acompañarles pero probablemente no lo suficiente o no he preguntado todo lo que debería o he sacado el tema en un momento equivocado o he hecho algún comentario que aún con buena intención ha hecho daño. Ahora lo entiendo. Ahora se lo difícil que es apoyar a alguien que no lo está pasando bien y lo fácil que es que ese alguien se sienta solo en su problema. Porque cuando tu vida está dada la vuelta te alucina que para los demás todo siga igual. Te hace sentir como un perro verde.

Recuerdo sobretodo los días después de mi segundo aborto. Mis padres estaban de vacaciones con mi hermana y su familia y les tuve que contar a todos por teléfono que no evolucionaba…Por supuesto, lo sintieron mucho pero obviamente cuando colgaron conmigo se irían a cenar y sus vacaciones siguieron como si nada. No me entendáis mal, es lógico y lo entiendo, que podían hacer?? Pero es tan raro que mientras tú te quieres morir, las personas que te quieren sigan haciendo su vida…Y yo habré hecho lo mismo mil veces, porque es normal, porque nada se sufre tanto como en primera persona y porque esta vida hay que luchar para vivirla bonita. Pero escuece, escuece y aísla.

Por eso, mi conclusión es que la tristeza, cuando viene, es doble. Una por el propio motivo y la segunda de regalo porque te manda a una esquinita del salón.