La belleza de los números

 

Y llegó el día de la beta. La verdad, es que mis esperanzas estaban bajo tierra desde la transferencia. Luego tras el cambio de chip tuve algo más que un hilillo pero la última semana volví a las andadas y solo podía pensar en mis planes B. Además conseguí acabar también con las esperanzas de mi chico y de mi madre. Yo solita. Solo de oír mi voz.
El día antes de la beta, un maravilloso dolorcillo de riñones junto con una levísima (tan leve que me pareció fruto de mis ganas) náusea me dieron alguna posibilidad (un 10% pensaba mi cabeza matemática).El 24 por la mañana salimos como cerdos al matadero hacia el hospital donde me haría la analítica. La tendrían en dos horas y era el mismo hospital donde dos compis habían tenido su positivo (Primera superstición del día) .

En la sala de espera había 5 chicas delante de mí. 5 chicas todas embarazadas! De verdad ? Pensé yo…joder como es el de arriba…Por fin pinchacito. Había decidido que tenía que ser en el brazo derecho (segunda superstición del día) por motivos que me da hasta vergüenza explicar así que podéis imaginaros mi cara cuando me dice la enfermera que la vena del brazo derecho no se ve y que le de el izquierdo. PERDONA??? Le digo : El izquierdo no puede ser. Y ella obviamente me pregunto por qué. Pues porque me pincharon ahí ayer. Ella me intento explicar que eso daba igual, que no iba a pinchar en el mismo sitio pero yo tan seria como el tema que teníamos entre manos le tuve que explicar que o era el derecho o no era ningún brazo. Así de simple. Y resultó que claro que se veía mi vena del brazo derecho.
Después del pinchazo nos fuimos al retiro a pasear para esperar el resultado que estaría en dos horas. Y, (tercera superstición del día) decidimos que veríamos el resultado en un árbol muy especial del retiro: el Ahuehuete. Es especial porque es muy muy viejo y muy muy sólido. Mi madre siempre le ha pedido cosas y yo, en esta fase de mi vida tan alejada de lo racional, no podía dejar de imitarla. Además ahora es mi chico el que le tiene más fe.
Pues bien, tras 17 intentos de ver si estaba ya cargado el resultado, uno por minuto desde las 10:00, vimos el precioso número: 417…un número mágico, que nos soplaba aliento en la cara, que nos decía que al menos uno de nuestros pequeños se había agarrado… Solo podía repetirle a mi chico que le quiero, porque es verdad y porque me ha cuidado durante esta betaespera como a una princesa…Y así sin más a día 24 de agosto estamos embarazados.
Obviamente, aún no nos lo creemos y estamos absolutamente muertos de miedo dadas nuestras experiencias anteriores. La verdad es que hemos concentrado tanta energía en conseguir la beta positiva que no me planteé demasiado cómo serían los días siguientes. Y tengo que decir que para nosotros, que hemos tenido dos abortos muy tempranos, están siendo puramente histéricos. Todo me da miedo, incluso escribir esta entrada. Pido perdón a quien estuviera preocupado pero no he tenido valor de contarlo antes.

Y, en mitad de este revuelto de sentimientos intensos, agradecimiento, alegría, miedo, parálisis…entrábamos el otro día al retiro y un grupo de chicos cantaban una canción que parecía dedicada a nosotros:

Despues  de un invierno malo,

una mala primavera,

dime por qué estás buscando

una lágrima en la arena…

 

 

Betaespera en masculino

betaespera en masculino

Las referencias temporales son siempre engañosas. Están habitualmente impregnadas de una subjetividad que las hacen poco o nada comparables. Un minuto debajo del agua es interminable y un minuto más en la cama cada mañana  es calderilla. Así que doce días soñando, temblando y volviendo a soñar a la espera del definitivo pinchazo en el brazo de la que aquí habitualmente escribe, os puedo decir que equivalen a carrera universitaria y varios masters.

No somos nuevos en esta batalla de la beta espera, ya llevamos dos en la mochila, pero de forma consciente o no esta vez la estamos viviendo de forma diferente. Usando un paralelismo con los Juegos Olímpicos, sería como decir que llevamos preparando este momento todo un ciclo olímpico de la fertilidad. Es decir, un año que ha durado como los cuatro años que hay entre Olimpiadas. Todo se va a decidir dentro de cinco días pero, como en los Juegos Olímpicos, quien no ha pasado por aquí no es consciente del esfuerzo y sacrificio que nos han traído hasta este momento.

Tenemos que ser optimistas. No sólo porque los días de pesimismo te consumen y se consumen sin fundamento alguno, sino porque mirando hacia atrás hay que estar orgullosos y tranquilos ya que todo lo que estaba en nuestra mano y en la de los que más saben de esto se ha hecho. Operación, alimentación, paellas valencianas sobrevenidas, hormonas, acupuntura, medicinas y plegarias a extrañas deidades se han convertido en los nuevos compañeros de viaje de mi mujer.

Las dos beta esperas anteriores, una de ellas con la breve pero intensa alegría del resultado positivo, no íbamos tan preparados. La ignorancia dicen que es fuente de felicidad y en aquellas ocasiones, de alguna manera éramos unos recién llegados a este mundo, la tensión y el miedo que ahora sentimos no existían. Al menos eso creemos hoy, pero ninguno de los dos lo puede certificar ya que como decía antes un año en este mundo es mucho tiempo…Pero no nos engañemos, la ignorancia no deja de ser otra cosa que desconocimiento de la realidad que te rodea, y por eso esta vez, gracias a contar en muchos momentos con una mujer ausente a mi lado consumida por blogs y estudios variados, hemos prescindido de la ignorancia. Todo lo atacable se ha atacado, no se ha descuidado nada y por eso me niego a ser pesimista.

Tengo miedo, mucho. Visualizo el momento de recibir el resultado una y otra vez, ya llevo al menos diez positivos y unos cuantos negativos, visualizo nuestra reacción y acabo por echar a patadas estos pensamientos de mi cabeza. El destino nos debe una, como seguro que se la debe a todos los que leéis este blog, y qué mejor mes que el siempre alegre agosto para cobrarnos esa deuda. Creo que ya va siendo hora.

Make my summer, make our lives

SC y SE

Me encanta el inglés. Aunque quien realmente entienda de esto dirá que es un idioma muy rico en vocabulario, yo tengo la sensación de que, al menos el común de los mortales, con unas cuantas palabrillas simples se apañan para expresar ideas de forma muy certera. Y así la expresión Make my day, que, por lo visto, viene de una película de Clint Eastwood, quiere decir: Alégrame el día, haz que mi día merezca la pena.

Pues bien, hoy, a día 6 post-transfer, quiero pedirle a mis dos embris (Super Campeón y Super Embri) que, por favor, hagan lo que puedan para que este verano merezca la pena, para alegrar nuestra vida…

El 3 de agosto tuvimos consulta en Valencia para ver cómo iba el mioma. Absolutamente decaputeada como estaba tengo que reconocer que a lo más que aspiraba (y aspiraba con fuerza) era a librarme de ese cocktail molotov para mi salud mental. Del mioma, hombre, si se hubiera movido un poquillo…Pues Bingo! parece que el susodicho se había reducido la friolera de 3 mm y ahora quedaba a 4 mm del endometrio (o zona de alta tensión). Así que gracias a más o menos lo que mide una hormiga y de las pequeñas, yo salía de la consulta de Juana con la pauta de preparar en 5 días mi endometrio para hacer transferencia en ciclo sustituido. Esa noche empezaría con Provamés 2 mg via vaginal para volver 5 días más tarde a ver cómo había evolucionado.

En la visita posterior el endometrio parecía tener buena pinta pero, por ponerle un poco más de emoción al tema y porque los estrógenos habían hecho su cometido, el mioma había crecido de nuevo un poco y saltaban las alarmas al estar a 2 mm del endometrio. Así que, “sin prometerme nada” en sus propias palabras de Juana, de momento seguíamos con el plan pero sería el propio día de la transferencia cuando decidiríamos si finalmente se hacía o no en función de mi molesto inquilino y su posición. Esa misma noche, confirmado un valor adecuado de estradiol (>200) empezaba con la progesterona 4 pastillas/día también vaginal (es increible la de pastillas que caben en una sola vagina).

Y por fin llegó el día…el viernes 12 de agosto, el día que empezaba la feria de mis amores, la noche de la lluvia de Perseidas, sería el encuentro con mis pequeños (Juana y mioma mediante). Por la mañana Juana confirmó que el mioma estaba bajo control (de repente estaba lejísimos) y quedamos para la transferencia por la tarde. A partir de ahí flotaba…tan contenta…hombre, por supuesto temía un poco la descongelación de mis pequeños pero quería pensar ya solo en positivo. Y tras las dos horas de espera de rigor ahí estaba yo con mi bata verde en pelotingas, con mi chico, sonrientes los dos, entrando al quirófano  y visualizando a nuestros niños.

Juana me había hecho una prueba de transfer en la penúltima consulta y había confirmado lo que yo ya sabía, que mi transfer era facilísima. He tenido muchos tipos de problemas en mis tratamientos pero ese no. En el quirófano, antes de cargar la cánula, repitió la prueba de transfer y de nuevo chistes sobre lo facilita que era. Y de repente cuando ya me están poniendo a mis pequeños la cánula no entra, se choca. Juana intentó e intentó (siempre sin hacerme el más mínimo daño) pero se chocaba así que al final pidió que se llevaran a nuestros embris y los cambiaran de cánula. Yo intentaba seguir tranquila pero el corazón iba rápido. No entendía nada. ¿Por qué siempre que me confío con algo se tuerce? Por fin, con la cánula nueva, la famosa cánula japonesa de la que tanto me habían hablado amigas con transfer complicadas, fue coser y cantar.

Y bueno, la verdad es que nos quedamos en shock. La transfer, tan esperada, tenía que haber sido rápida, feliz. Yo he leido que esos dos factores afectan al resultado, a que los embris puedan quedarse. Y en un momento, por una chorrada sentía que se lo habíamos puesto díficil. Intenté cambiar mi ánimo. Me puse canciones camino del hotel, canté, mi chico y yo hicimos meditación de útero, pero bufff, me costaba tanto estar optimista.

Y así pasé el primer día post transfer. Intentando no llorar pero con un nudo en la garganta. Intentando estar positiva pero enfadada conmigo misma por no conseguirlo…Hasta que, de repente, me puse a pensar. ¿Cuántas veces todo parecía ir de libro y se ha torcido? ¿Cuantas veces todo parecía ir fatal y al final ha ido bien? ¿Cuantas posibilidades hay de que una chica con hidrosalpinx y muy baja reserva y un chico con teratozoospermia se queden embarazados de forma natural al primer mes de intentarlo? Pues bien, sé que todas esas cosas pasan porque a mi me han pasado por mucho que las estadísticas digan que no es muy probable. A mi no me importa cómo de probable es que mis pequeños se queden conmigo, lo que me importa es que finalmente se queden. Así que decidí aparcar la ciencia, creer en las señales, en la lluvia de estrellas, en que por qué no. Eso y que una amiga que fue mi angel de la guarda particular me dijo que a ella le había pasado exactamente lo mismo en su primera transferencia con Juana y se había quedado embarazada de los dos embris.

Así que cambié el chip. A partir de ahí comencé una betaespera normal, con las torturas propias de la misma, si te duele porque te duele y si no te duele porque no sientes nada. He estado haciendo bastante reposo, primero en una hamaquita de una casa que alquilamos en la huerta valenciana y ahora ya, tristemente, en nuestro piso de madrid tan fresquito en agosto pero a partir de mañana, que ya hace una semana, voy a hacer vida lo más normal posible porque creo que si no, me puedo volver loca.

Este verano no ha sido el mejor, casi no ha parecido un verano. Primero la entrada en escena del mioma y el retraso de todo y luego el decapeptyl y sus efectos secundarios, no nos han dejado disfrutarlo, no nos ha cundido nada. Pero de repente, si la luna, las perseidas, los santos, las diosas de la fertilidad, la física y la química y todo a lo que hemos pedido se alinea puede convertirse en el mejor verano de nuestras vidas. Por favor, si podeis pequeñines, SC y SE: Make my summer, make our lives.