Partido a partido

Van pasando los días, las semanas, lentos, cada uno con su historia, con su preocupación pero con mucho mucho agradecimiento. Agradecimiento a los santos, religiosos y paganos porque en todos creemos. Agradecimiento a los médicos, a nuestra Juana, a Monica, a Silvia. Agradecimiento a mi chico y a mí madre por alimentarme sanito y aguantar mis “locuras”. Pero el agradecimiento más grande es a Supercampembri porque sigue creciendo dentro de mi, incluso cuando yo, nerviosa, me desvelo por las noches o cuando después de algún dolor de tripa voy al baño con taquicardia temiendo ver alguna mancha en mis braguitas. El sigue y no le podemos estar más agradecidos.
La semana 6 supuso la llegada de síntomas poco a poco. De repente, a partir de la hora de comer la comida me daba como asquillo y esa sensación se iba haciendo más intensa según avanzaba el día.
En la semana 7 las nauseas eran ya clarísimas, siempre por la tarde, eso sí.

Y por fin llegó nuestra segunda eco en Valencia estando de 7+4. Como siempre muchos muchos nervios. Nunca habíamos escuchado latido y teníamos tantas expectativas y tanto miedo…Cuando nos pasaron, en lugar de Juana, estaba Norman, un médico nuevo que trabaja con ella. Reconozco que al principio pensé en decirle que esperáramos a Juana, si alguien me tenía que dar una mala noticia que fuera ella. Pero en cuanto me introdujo el ecografo fue súper lindo y no tardó en decirme, ahí está y esta muy bien. Buffffff…respiración, alivio y unos segundos después cuando nos pusieron el audio y oímos el latido, emoción. Parece increíble que eso esté dentro de mi y no me de cuenta. Después de mucho rato apareció Juana que me quiso ver otra vez, más que nada para ver a mi amiga la bola, como ella llama a mi mioma. Nos repitió que todo estaba muy bien, que me relaje, que le cuide y que ya no me queria ver hasta que vuelva a por el hermanito. Musica celestial aunque a mí me sonaba remoto. Mi cabeza solo piensa en que pasen los días y vayamos viendo, así que mi despedida fue “de momento”.
Pero quedamos felices la verdad, otra pruebita superada por el pequeño.

Así empezó nuestra semana 8 que ha sido un poco movida. Resulta que yo no quise saber medidas ni datos del embrión para no empezar a comparar y comerme la cabeza y solo quería quedarme con el “está muy bien” pero la frecuencia cardiaca nos la repitieron tantas veces que retuve el número, 142 pulsaciones por minuto. Pues tan contentos que estábamos con la cifra hasta que veo en el muro de Juana Crespo por casualidad una publicación sobre la frecuencia cardiaca del embrión en función de la edad gestaciónal y veo que nosotros estábamos un poco por debajo. A partir de ahí por supuesto investigación en internet que no hizo más que confirmar eso, que estábamos por debajo del rango habitual aunque tampoco estábamos en un rango muy preocupante. Pero claro, se nos torció el morro de “está todo muy bien”. Así pasamos unos días y el martes teníamos cita con un gine del seguro para que me mandara las analíticas típicas para las que no sabía si ya iba un poco tarde. Sabíamos que el médico era muy mayor, nos habían dicho que se jubilaba en unos meses, pero era, de hecho muy muy mayor, sobretodo teniendo en cuenta que en un momento dado me dice: Desvístete que te tengo que explorar. Y tal cual me hace un tacto vaginal con una mano y con la otra me aprieta la tripa. Yo me quería morir. Si no me muevo del sofá para darle la mayor tranquilidad a mi pequeño a cuento de qué viene un señor a apretármelo. Ni que decir tiene que llegué a casa llorando. Lloraba de miedo pero también de rabia de no haber sabido decir que no. Que no veía la utilidad y que si veía el riesgo. Por lo menos mi riesgo psicológico.
A partir de ese día y como para joder, desaparecieron de repente todas las nauseas y cuando un par de días más tarde ni siquiera me había levantado a hacer pis en mitad de la noche se desataron todas mis alarmas. Pánico, contagiado como siempre a mi novio, y visita a urgencias con la cara descompuesta. Después de dos horas de histeria esperando, un amable médico y su ecógrafo confirmaron que todo estaba bien. Así que vuelta a casa con un alivio que espero se quede conmigo al menos unos cuantos días…
Mi madre me sermonea. Que me lo tengo que creer ya, que no puedo tener cada vez un motivo diferente para el miedo. Pero yo creo que lo que me pasa es normal. Ella habla sin haber estado en mis zapatos. Pasas tanto tiempo conjugando el verbo estar embarazada en segunda y en tercera persona que hacerlo en primera te parece imposible. Poco a poco, si esto sigue bien, supongo que me lo iré creyendo. Al menos ahora cuando voy al medico soy capaz de decir: “estoy embarazada” en lugar de “se supone que estoy embarazada” que era lo máximo que me permitía mi cerebro hace un par de semanas.
Así que con mucho espíritu cholista, espero seguir partido a partido sumando días y semanas.

 

Supercampembri

supercampembri

Siento no escribir. Estoy en un estado medio de hibernación alerta, como los suricatos que salen en los documentales de la 2, tiesos, vigilantes.

Hace ya casi dos semanas tuvimos nuestra primera eco, de 5+3. Los diez días de espera previos fueron duros durísimos y cuando, por fin, llegamos a Valencia parecíamos dos trapillos humanos muertos de miedo. Por suerte, no tuvimos que esperar casi nada y Juana nos hizo pasar contentísima con nuestro positivo. Potro, nervios y por fin, ahí estaba nuestro saco. Bien implantado según Juana y de dimensiones correctas. Dentro había una vesícula vitelina que también tenía buena pinta.  Y por el momento, eso es lo que se veía. Respiramos, respiramos mucho, nos abrazamos, abrazamos a Juana y nos dio cita para dos semanas después.

Y así hemos pasado los días, incluyendo una ola de calor infernal en madrid que me ha hecho refugiarme en mi casa-cueva. Las esperas se van haciendo un poco menos duras, la betaespera es una prueba para la salud mental de cualquiera, la primera ecoespera echas el corazón por la boca cada vez que vas a hacer pis y esta segunda ecoespera casi prefieres que no acabe. Quieres seguir estando como estás, embarazada y que nadie diga lo contrario.

Estoy muy agradecida por la beta, por la eco y deseo con todas mis fuerzas que esto marche bien (hasta me duele el corazón de desearlo), pero también tengo mucho miedo. Miedo porque cada día que pasa la caída sería más alta.

Mi chico le había estado diciendo a nuestros embriones durante toda la betaespera que se abrazaran y se protegieran mucho así que cuando salimos de la eco y me preguntó quien pensaba yo que se había quedado, si Super Campeón o Super Embri yo le dije que los dos juntitos, Supercampembri. Así que Supercampembri, por favor, sigue making our summer, making our lives.