Gaspar

En la última sesión, mi psicóloga puso encima de la mesa tres reyes magos para que escogiera uno al que decirle lo que quería que me trajera el nuevo año.

Escogí a Gaspar, por ejemplo, pero en lugar de deseos solo pude pedirle cuentas. Sinceramente, Gaspar, no pierdo el tiempo contigo. Ha quedado sobradamente probado que no haces mucho caso a lo que te pido, de hecho, creo que lo retuerces de tal modo que cada año acabamos más lejos de mi deseo que el anterior.

Y ahí tuvo que intervenir la doctora. Que si era importante mantener la ilusión y la esperanza, que quizás podría pedirle un deseo ajeno a todo este tema…buffff…En el ámbito de los deseos, la maternidad tiene ahora mismo monopolio en mi cabeza. Queremos tener un bebé, simple y llanamente, y, por supuesto, hay otras cosas que me pueden alegrar, que me hacen sonreír, pero siempre sobre la sombra de una pena, del sueño aún no conseguido de ser madre.

Y el año no termina bien en ese sentido. A mediados de mes tuvimos cita con Juana para ver por donde tirábamos. Yo estaba convencida de que su postura sería ovodonacion pero el hecho de que tenemos un embrioncito congelado le hace decantarse por una última intentona con mis óvulos. Debo conseguir dos embris más y hacer una transferencia de los tres.

Asi que retomamos la fase de las punciones y las llamadas del demonio esta vez en Madrid, concretamente en Minifiv que nos gusta por muchos motivos siendo el doctor, Alfonso, el motivo principal.

Hace unos días fuimos a verle y resultó que el folículo del mes tenía buena pinta y llegábamos a tiempo. Así que, sin nada de medicación más que el ovitrelle 36 horas antes, fuimos a puncion a rescatar a ovocito. La punción, sin anestesia, molestó un poco pero es algo totalmente soportable sobretodo viniendo de dónde venimos. Y así, a las 09:30 de la mañana, llegaba a la oficina con un folículo menos y una esperanza más.

Al día siguiente tenía una reunión en el trabajo en la que mientras esperaba la primera de las llamaditas, me encontré a una chica embarazadisima de la que lo último que había sabido es que su marido llevaba un año en Nueva Zelanda y solo se habían visto tres semanas. Eso es un aparato reproductor como dios manda y no el mío, joder, pensaba yo cuando sonó el teléfono. Era Alfonso y confirmado, había fecundado. Mi novio estaba feliz. Con este embrión el camino que quedaba parecía más claro, más dibujado. Teníamos hoja de ruta.

Pero como nuestra gracia nunca es completa, dos días más tarde nos llamaron para decir que el embrión se había parado. Y digo yo, costaba mucho dejarnos dar aunque fuera un pequeño paso para poder terminar el año con una buena noticia? Al parecer sí y aunque Alfonso me insiste en que no desesperemos, lo hacemos porque con respecto a este tema cada vez que descolgamos el teléfono es para oír un “lo siento” del otro lado. Puertas, ilusiones, que se te cierran en la cara.

Por eso, Gaspar, francamente que te den.