Ciclo milagro

Cuando una se adentra en este mundillo infértil le empiezan a llover las historias de milagros. Por una parte, están las personas que al escuchar tu problema tratan de consolarte contándote que su prima estaba igual hasta que se fueron de vacaciones y volvió embarazada. Tú sonríes cortésmente pero piensas para tus adentros que esa prima seguramente tenía sus dos trompitas, una antimulleriana estupenda y no sabe ni sabrá nunca lo que es la endometriosis.

Pero entonces, en tu círculo de ínfertiles, que sí tienen problemas reales, empiezas a vivir “historias milagro” y no te queda más remedio que creértelas. La preciosa pequeñita que se agarró a su mamá el mes antes de que ésta se transfiriera sus embriones de ovodonación cuando ya había empezado con la medicación…El caso de la pequeña fruto de un único embrión conseguido por sus papis tras varios ciclos y que era tipo C…O el embarazo gemelar de una amiga que tras muchos ciclos solo consiguió un embrión pero qué embrión…Y te maravillas de estos milagros pero piensas que solo le pasan a otros.

Pues resulta que el ciclo pasado tuvimos nuestro pequeño, comedido milagrito. Con esto quiero decir, no, no estoy embarazada pero, por fin, pasó algo inesperado y era bueno.

Tras el fiasco de los ciclos naturales (después de hacer 3 ciclos solo hemos conseguido un embrión y de mala calidad) el mes pasado decidimos hacer una minifiv. Esto es un ciclo estimulado pero con poca medicación. El ciclo consistió en Omifin diario y un total de 3 pinchazos de FSH (menopur, pergoveris o lo que pillaba por casa) según me indicaba Alfonso tras ir a cada eco. Él estaba optimista. Me decía que con muy poca medicación estaba respondiendo muy bien pero la realidad es que en la eco anterior a la punción tenía 4 folículos. De ellos dos eran de buen tamaño (>15 mm) auunque uno era bastante amorfo pero los otros dos eran uno de 14mm y otro de 11mm. Con esta información yo rezaba para conseguir, con mucha suerte, quizás un embrión. Pues bien….

Día de la punción (día 0): me extraen 4 ovocitos, los 4 que veíamos en eco. Ya me advierte Alfonso que él lo pincha todo así que puede ser que alguno sea inmaduro. Yo le respondo que solo espero que haya alguno maduro.

Día +1, me llaman del laboratorio y me cuentan que han fecundado los cuatro. ¿Perdona????? Pero si había dos super pequeños!!! ¿Como iban a estar maduros para fecundar? Bueno, llamo a mi chico y a mi madre y ambos llaman a la calma. Me repiten lo que yo ya sé. Esto ya lo hemos vivido. En mis ciclos valencianos nunca pude congelar ningún embrión en día 3. Siempre se quedaban por el camino todos menos 1. Ya tuve una vez 4 fecundados y al final terminamos con solo un embrión que era de mala calidad pero que llegó a blasto (Superembri).

Dia +3, son las 07:00 y ya estamos los dos con los ojos como platos. Es sábado y nos han dicho que nos llamarían por la mañana. No hay valor ni para desayunar. 11:00 y no sabemos nada. 12:00 y seguimos igual. Ya me temo lo peor, siempre he pensado que cuando las noticias del laboratorio son malas dejan tu llamada para el final de la mañana. Llamamos al teléfono de urgencias de la clínica donde me explica una simpática enfermera que es sábado, que ella está en su casa y que no sabe nada de mis embriones. Cuando el laboratorio termine te llamarán, estáte tranquila, me dice. Tranquila?? Empezamos a pensar que se han olvidado de ellos, que no han mirado a nuestros pobres embriones. Por fin, a las 13:30, suena el teléfono y cuando creo que ya no puedo retener más el corazón en el cuerpo me dicen que han congelado los 4 embriones!!! Los 4!! Son 2A, 1B y 1BC.

Nunca antes había tenido más de dos embriones en un ciclo, nunca había tenido un embrión A y hacía mucho tiempo que no tenía un embrión vitrificable en día 3. Y de golpe 4…Lo que el año pasado nos costó 8 meses aquí lo hemos tenido en un solo ciclo y con solo 3 pinchacitos.

Sabemos que estas son las típicas batallas ganadas que ni de lejos significan ganar la guerra. Nosotros mejor que nadie sabemos que la guerra solo la ganaremos el día que tengamos a nuestro bebé sano en brazos. Pero de vez en cuando, para seguir luchando, necesitas un poco de aire, una buena noticia, un impulso, y eso, por fin, lo hemos tenido.

¿A qué se debe este milagrito? ¿A la menor medicación? ¿A la tranquilidad de llevar el ciclo en Madrid y con Alfonso que es pura calma, cariño y optimismo? ¿A haber estado de vacaciones el mes anterior? ¿Al curry de Sri Lanka? ¿A un poquito, solo un poquito, de justicia divina? ¿O al más puro azar que por una vez ha hecho que la moneda caiga de cara?

No lo sabemos pero por primera vez en mucho tiempo nos sentimos agradecidos.

Domingos de invierno

Hace años me gustaba mucho Jorge Bucay y recuerdo que intenté leerme su “Camino de las lágrimas”. No estaba en un momento dificil por lo que, más allá de parecerme interesante como todo lo que ese autor escribe, no me movió ni consiguió identificarme y terminó guardado en el cajón.

Hoy creo que ese libro me ayudaría a entender. Entender que mis estados de ánimo son naturales, asumir que en este proceso el dolor va evolucionando. De la primera semana de susto y angustia pasé a días de llanto histérico que, de repente, dieron paso a unas ganas de vivir locas. Luego, con el tiempo, cuando mi mente supo que estaba fuera de peligro, que lo superaría de algún modo, me quedé sumida en una pena honda, tranquila, como un domingo de invierno. Y en esas estamos acordes con el tiempo.

Trato de buscar motivaciones externas, reemplazar el papel que tuvo planear el viaje, y así, con ya mucho tacos y cero experiencia musical me he apuntado a clases de piano. Pero, ¿qué necesito realmente? Necesito charlas, risas, distracción. Necesito a mis amigos, disponibles como no están, empáticos como no pueden estar porque ellos tienen a su bebe en camino o en casa.

Necesitaría dejar de sentirme la última de la clase. Ya suspendí el curso de embarazo natural. Ya me pusieron en la clase de las de reproducción asistida. Pero es que en ese curso, de momento, suspendo todas. Ya me han puesto al final y en esa esquinita me siento sola.

Aunque supongo que habrá otras aulas de “infértiles” que tendrán también sus alumnas rezagadas. Un abrazo enorme para ellas.