Amigos perecederos

Permitidme jurar en arameo. Desahogarme un poco. Prometo no ser justa ni generosa. Prometo ser sincera.

Episodio 1:

Whatsapp de mi “mejor amiga” la semana pasada cuando su niño cumplía un año. Video del pequeño , una preciosidad donde las haya, dando sus primeros pasitos. El pie de foto nos dice:

“Yo he aprendido a andar este año, ¿Qué has aprendido tú?”

Pausa…contención…

Respuesta: Este año he aprendido a apretar los dientes mientras entro en un hospital para que me practiquen un aborto inducido. He aprendido a tragar saliva mientras me introducían vaginalmente la primera de las pastillas que acabaría con todo. He aprendido que la morfina causa vómitos y que no aplaca el dolor. He aprendido a cerrar los ojos y volver a dormirme cuando todo ya era irreversible. He aprendido a cuidarme a pesar de sentirme NADA. He aprendido que somos más fuertes de lo que creemos.

Pausa…No quiero incomodar, total, es un tema menor. Borrar…

Respuesta: Qué mono!!!

Episodio dos:

Mismo grupo de amigos. Otro de mis amigos de siempre, famoso bala perdida envuelto historicamente en relaciones poco duraderas anuncia que viene a nuestra ciudad de visita el fin de semana.

En mitad de la comida nos informa a bombo y platillo de su futura paternidad.

“Estamos un poco acojonados, es que no lo íbamos buscando, ¿sabes? Así que nos lo estamos tomando con calma, no queremos que nada cambie, la futura mami sigue montando a caballo y saliendo de juerga. Al fin y al cabo el embarazo es una cosa natural! Quería venir a contaroslo personalmente para compartirlo con vosotros”

Pausa…Glubb…¿pero cuánto tiempo llevaba con la chica?

Respuesta: Joder, y si no lo estabais buscando, ¿qué ha pasado? ¿Al final va a ser verdad eso de que antes de llover, chispea? Por otra parte, el dato de lo accidental del embarazo es muy apropiado cuando estas hablándole a una pareja infertil…Gracias por no ahorrarnos ningún detalle. Y muchas gracias por hacerlo en persona. Es curioso que no te pareciera tan importante llamarnos en persona cuando perdimos a nuestro bebé y ahí un simple whatsapp diciendo literalmente “Animo” te bastara.

Me levanto y me voy de este restaurante lleno de gente después de montar el numerito.

No, en lugar de eso…pausa, respiro, hago una penosa mueca de sonrisa y digo “Enhorabuena”. Silencio.

Episodio 3:

Día del padre. Los únicos amigos del mismo grupo que no están embarazados mandan un alegre:

“Feliz día del padre!!!”

Mi amigo cuya chica está de cinco días más de lo que estábamos nosotros contesta con una carita sonriente. A continuación, el susodicho del episodio 2 responde:

“¿Me doy por aludido?”

Pausa…

Respondo: Sí hombre, tú claro que sí. Y sin buscarlo, no te olvides. Lo que no me queda claro es si mi chico, el que vio nacer a su bebita sin vida, el que tuvo que decidir que no viviera, se debe dar por aludido. ¿Ha sido papá o no lo ha sido?

Pausa…Borrar…

Salir del grupo…¿Salir del grupo Amigos de siempre? Pausa…Cancelar.

 

La delgada línea

Hay una delgada línea que separa la sana necesidad de encontrar a gente que esté en tu situación, que te entienda por un lado y terminar reduciendo toda tu vida social al hecho de que eres infértil por otro. Creo que en un momento del proceso todas hemos necesitado foros, grupos, amigas virtuales con las que compartir nuestros miedos, nuestros pequeños avances y tropezones. Y la verdad es que gracias a esto he conocido a amigas maravillosas que espero lo sean mucho tiempo. Pero llegó un momento en que di de lado a mis amig@s anteriores porque ell@s eran fértiles y yo no. No les di la oportunidad de intentar entender o al menos escuchar lo que me pasaba. Por otra parte, a toda la tensión de mi propio proceso le sumaba la de los procesos que me rodeaban. Todas las semanas había punciones, resultados de betaesperas, analíticas de estradiol que casi sentía como mías y así mi mundo se fue limitando a ser infértil. Dejé de ser yo, la cabezota, la tímida, la responsable, para ser solamente la infértil.

Hay una delgada línea que separa por un lado mantener la esperanza necesaria para seguir adelante en este proceso y por otro creerte que el destino proveerá lo que es justo si lo deseas con la fuerza suficiente.  Está claro que si no pensáramos que es posible, que quizás consigamos ser padres, no tendríamos la fuerza necesaria para levantarnos tras cada golpe. Pero eso es una cosa y creerte a Paulo Coelho es otra. La vida no es justa y este fin de semana nos lo ha demostrado con fuerza con Pablo Raez. Por mucho que deseemos que algo salga bien, que nos lo hayamos “ganado” pasará lo que pase porque lo malo también sucede. Como ya dijo Forrest: Shit Happens. Y a veces a nosotros. Recuerdo cuando nos midieron por primera vez el pliegue nucal y nos dijeron que estaba algo engrosado. Todas las personas con las que hablé esos días se apresuraron a contarme como eso ocurría muchas veces y luego no era nada. Seguro que mi bebé estaba bien. Pero no lo estaba. Y además de tener que superar la pérdida de mi bebé me sentí la única persona en el mundo con tan mala suerte. Luego investigas y te das cuenta que lamentablemente no estás sola. Supongo que es mejor afrontar los problemas con buen ánimo pero sin abusar y convertirnos en ilusos que nos creamos protegidos por una fuerza divina. No lo estamos.

Hay una delgada línea entre tomar riendas en el asunto y ponerte en manos de los mejores profesionales por un lado y pensar que tú sola puedes solucionar el problema por otro. Porque muchísimas cosas no dependen de nosotros y acabamos poniéndonos una responsabilidad encima que no nos corresponde. No, mi positivo no dependió de las veces que fuimos a Jesús de Medinaceli ni de que me sacaran sangre en el brazo derecho. Probablemente no dependió, ni siquiera, de la acupuntura ni de todos mis sacrificios alimenticios. No es vital renunciar a las vacaciones porque ese puede ser EL mes. No. Basta de sacrificios que te dan la falsa impresión de que el resultado depende de ellos. No es cierto.

El año pasado estuvimos siempre al otro lado de esa línea. Siempre monotemáticos, siempre en mundos mágicos, siempre con renuncias. Este año quiero pelear por encontrar el equilibrio. Luchar por lo que queremos pero vivir mientras luchamos.