Días sin fotos

El otro día me di cuenta que hace tiempo que rehuyo las fotos. Ni mi chico ni yo hemos sido nunca de ir retransmitiendo lo que hacemos vía redes sociales pero alguna fotillo, para el recuerdo, para nosotros, solía caer de vez en cuando. Ahora no, ahora volvemos de viajes con tres míseras imágenes. Y es que me da la sensación de que esta época de nuestra vida no la vamos a querer recordar. Pasará, lo sé, y no queda otra que vivirla, pero cuando pase no quiero volver a masticarla más. Enough is enough.

Mi vida personal desde el último bioquímico se ha puesto un poco más patas arriba. Dos días después de la beta mi chico se fue de vacaciones con su familia diez días. En casa dejó una novia llorica, con facilidad para el enfado, a la que le costaba admitir la facilidad para la desconexión que tienen algunos hombres (el mío por lo menos). En su lugar, durmieron conmigo todas las noches la indignación con mi cuerpo (más concretamente con mis ovarios) y la indecisión total sobre el camino a seguir. Qué fácil sería todo si pudiera saber desde ya cómo acaba la historia…

A la vuelta de mi chico recibí un anuncio de embarazo. Este anuncio era especial. Era de mi hermana, otro sobrinito (ya tiene una niña preciosa a la que adoro), pero vino en el peor momento. Mi hermana y yo nunca hemos sido las mejores amigas, somos personas totalmente diferentes y nos entendemos mal, pero mi problema de fertilidad nos había distanciado aún más. Ella es médico y, desde nuestros primeros pasos en este mundillo infértil, consideró que nos estábamos precipitando y que yo no tenía ningún problema. No importó mi diágnostico de endometriosis, hidrosalpinx y menopausia precoz, para ella nada de esto estaba demostrado (porque lo decían doctores de la privada en lugar de ser de la pública). Así que se borró del tema, como ella no creía en el camino que habíamos tomado, dejó de interesarse y nunca preguntó. Aderezó todo esto con actuaciones estelares tipo unirse a una merienda con mi mejor amiga embarazada y pasársela entera hablando de su parto o contarme que estaba indecisa sobre si quería un segundo hijo o no “justo ahora que estaba saliendo de la mierda”. Así llegamos a nuestra interrupción de embarazo y ahí, si que sí, estuvo a nuestro lado y nos facilitó mucho las cosas tanto desde el punto de vista médico como emocional. Yo decidí hacer borrón y cuenta nueva pero este verano, justo antes de nuestra transferencia me llamó para pedirme ayuda.

Quería ir a un médico de reproducción asistida y, por fin, se había dado cuenta de que la pública, en esto, no era puntera. Yo le recomendé lo mejor que pude, ya le habían hecho algunas pruebas y, a pesar de que es 4 años máyor que yo, estaba mil veces mejor (no endometriosis, antimulleriana 3 veces mayor que la mía con 34 años). Está claro que el reparto de la fertilidad en mi familia no fue muy equitativo. En fin, hasta ahí, bueno…Pero luego, cada vez que la veía, solo me hablaba de sus miedos, que si “yo no podría llevar heparina, y si tengo algún accidente” (perdona?? yo la llevo y ojalá esa fuera mi solución), que si cada tratamiento supone un riesgo para la salud (¿perdona? Llevo 9..), en fin, miedos que es normal que ella tuviera pero que yo no podía escuchar. No solo porque ella nunca escuchó los mios sino porque yo todos esos miedos he tenido que aplacarlos si quería optar a tener un bebé algún día. Además, el médico era ella.

Así que decidí desaparecer. No quería verla, ni hablar con ella por teléfono y, como os podeis imaginar, esto no mejoró con el bioquímico. Hasta que un día llamó al timbre de mi casa. Y ya sabeis como sigue, la típica historia que siempre le pasa a otros…Justo en mitad de las pruebas para empezar una FIV, se fueron de vacaciones y ZAS. No me lo esperaba, la verdad, y no pude evitar, tras darle la enhorabuena, explicarle (eso sí, tranquilamente) lo dolida que estaba por todo. Fue una conversación dura, ella decía que nunca me preguntó porque creyó que yo preferiría no hablar del tema y me pidió perdón por la falta de sensibilidad general. Yo también le pedí perdón por no haberlo hablado antes y haber ido acumulando daños y rencores que no hacen bien a nadie. Así que, bueno, yo creo que en definitiva hablarlo ha sido para bien. Me he quitado la careta con mi familia, les he dicho que ya basta de que todos hagan como que todo está estupendo y jiji jaja y que nosotros tengamos que estar felices y contentos para no dar la nota. Ellos, por supuesto, que estén todo lo felices que quieran pero, de vez en cuando, solo de vez en cuando, tiene que haber un momento en que se interesen por nosotros, por cómo estamos. Porque si no, lo que hay es una gran teatro por nuestra parte y eso hace cada visita muy dura. Y hasta aquí lo personal…

Ahora vamos con lo médico que, para ser sinceros, no está más en calma. Si algo teníamos claro después del bioquímico es que la fase valencia había terminado. Demasiados viajes, demasiadas esperas, demasiado imprevisible todo y demasiado intenso. Y el último “olvido” que tuvieron de trasladar nuestro embrioncito al mudarse de clínica terminó de decidirnos. Au revoir Valencia.

A miniFIV fuimos el día de la beta. Alfonso, tan accesible y encantador como siempre, nos dijo que ya eran muchos bioquímicos, que para él la película había cambiado y ahora ya sí tenía que pensar que era fallo embrionario. Así que nos aconsejó DGP para los cuatro embris que nos quedan, pero claro, miniFIV no hace DGP en día 5 y yo había leido estudios de que el DGP en día 3 era menos fiable. Y eso si que lo teníamos claro, si había algún embrión sano, no queríamos perderlo por un error de la técnica.

Así que vuelta a cambiar de clínica. Back to IVI. ¿Se cierra el círculo? ¿Tres años después para volver al mismo sitio?Bufff. Nuestra doctora, que curiosamente es la primera que me recomendaron cuando hablé por primera vez con una amiga de hacerme una FIV, empezó pidiéndonos más pruebas. ¿Pero qué me puede quedar por analizarme? Por dios!! Pues si, no sé que anticuerpos relacionados con el vitíligo (tengo vitíligo y al parecer eso está ligado a problemas autoinmunes=aborto) y la prueba genética de la celiaquía. Y como no podía ser de otra manera he dado positivo en la segunda. Fuera gluten y debo esperar dos o tres meses antes de la próxima transferencia. Pero como una infértil se siente mal si no se está estimulando, transfiriendo o recuperándose de una histeroscopia, vamos a intentar acumular algún ovocitillo más antes de transferir los embriones que nos quedan. De vuelta a los pinchazos, sí señor!

Así que aquí estamos, sin muela, comiendo un pan que no sabe a nada y medicada hasta las trancas. No sé por qué será pero no quiero fotos…