Vértigo que el mundo pare…

¿Nos estamos dando cabezazos contra un muro? ¿Nos pasamos de insistentes o simplemente no tenemos buena suerte?

Por actualizar un poco nuestra situación…

Después del último ciclo en el que conseguimos un ovocito, decidimos seguir con la estimulación durante fase lutea según el protocolo que se llama DuoStim. A parte de un dolor de cabeza insufrible, estuvimos toda la Semana Santa yendo a ecografías cada dos días en nuestro destino vacacional. Como siempre caretos tras cada una. Solo había un folículo. Teníamos bastante claro que ya estaba bien de sangría económica y que ese ciclo lo cancelábamos y no íbamos a punción pero, al final, la doctora nos dijo que siendo realistas, el próximo ciclo no tenía por qué ser mejor, y uno es mejor que cero. Nosotros, que solo necesitamos un empujocito para animarnos, hicimos el pago correspondiente y desfilamos a quirófano como ya viene siendo costumbre. Al final, sorpresón, de un minifoli de 10 mm salió otro ovocito. Total, dos ovocitos maduros. De nuevo, confeti y cava sin alcohol para celebrar.

Unos días más tarde fuimos a cita con nuestra doctora para ver en qué momento del ciclo estábamos y, qué casualidad, estábamos hormonalmente justo a tiempo de empezar otro ciclo. Así que show must go on y vuelta a los pinchacitos. Pero este ciclo parecía diferente. Resulta que había 6 folículos avanzando a paso firme.  Me daba hasta miedo expresar en voz alta que tenía taaaan buena pinta. Pero es que la tenía, la tenía…Hasta este fin de semana en el que, para variar, a uno de los folículos le ha dado por dispararse y a todos sus amiguitos por estancarse. Así que ahí estamos otra vez con un folículo de 18 mm y 5 en el entorno de 11 mm (esos sí están igualaditos, claro…). Nos han dicho de aguantar un día más por si alguno de los pequeños se anima  pero tiene una pinta regular y encima podemos perder el grande.

Así que imaginaros el hostión que nos hemos llevado. De 6 a 1 y con suerte. Rapidamente mi cabeza se ha puesto a pensar si podríamos seguir estimulando para ir a por los pequeñitos tras sacar el grande haciendo otro DuoStim. La doctora dice que lo valoraremos mañana según los tamaños pero, por supuesto, todo es siempre mucho más complicado. Y es que justo hace dos días cogimos un billete para irnos, por fin, de vacaciones. Un billete a Azores que, imaginaos, no es especialmente barato. Así que el dilema ahora es perder el dinero del vuelo o perder los solo potenciales 5 folículos. Luego haciendo un doble mortal está la opción de irnos a Azores y tratar de que nos vean para ecos alli en una clínica de fertilidad que parece haber pero no se si eso es ya solo una locura de las mias.

Mierda y más mierda. Para cuándo un ciclo super bueno. Para cuándo un margen a la ilusión que no acabe en bofetada. Para cuándo algo de libertad para vivir nuestra vida.

Ayer estuve en un concierto de Ismael Serrano reencontrándome con canciones que conocía de siempre. Pero, de repente, diez años después, las canciones tomaron un sentido diferente. Sabemos que Ismael Serrano no es la alegría de la huerta precisamente y tiene muchas canciones acerca de la dureza de hacerse mayor, el “Vértigo”, y la nostalgia de tiempos que no volverán. Y ahí me golpeó, canciones en las que antes no me daba por aludida con veintitantos ahora me removieron.  Tenemos 37 años,  aún somos jóvenes. Quizás ya no tanto para el tema reproductivo pero sí para apurar la vida, para viajar, para beber, para no estar tan preocupados por nuestra salud, para probar cosas diferentes, para ser imprudentes. Y en lugar de eso estamos contando los meses en número de ovocitos, deseando que vuele el tiempo para pasar a la siguiente fase de nuestro proceso. Ayer tomé consciencia de que este tiempo no volverá, de que puede que haya un día en que nos arrepintamos de no haber intentado ser felices al 100% AHORA, de invertir tanto de nuestro presente por un futuro que no sabemos si llegará.

Para bien o para mal creo que no podemos seguir mucho más por este camino. Nadie nos va a devolver el tiempo invertido y vamos acumulando ya muchísimos chichones.

Gallina ponedora…o mis ganas de serlo.

Este blog siempre me ha servido para desahogarme, para coger algo de perspectiva con las historias que nos iban pasando, para ordenar mis ideas. La verdad es que ha resultado muy terapéutico para mí, pero, me doy cuenta de que, como blog para que otros lean, es bastante caótico. Así que voy a contar qué estamos haciendo ahora y qué pensamos hoy que haremos en el futuro (esto puede cambiar en cualquier momento) con respecto a nuestro temilla infértil.

Tras el diagnóstico de celiaquía que nos dieron en Octubre, nos recomendaron dejar pasar al menos 3 meses sin comer gluten antes de hacer la siguiente transferencia. Al principio, como cualquier noticia que alarga la espera, fue un jarro de agua fría, pero, como ya tenemos callo en los “cambios de planes”, rapidamente busqué qué hacer en ese tiempo. Y claro, en mi pensamiento infértil un mes es sólo una unidad de tiempo en la que se puede (con suerte) sacar ovocitos. Así que nos pusimos al lío. Decidimos que haríamos tres ciclos de estimulación y que estos serían los últimos. ULTIMOS (da vértigo). A partir de ahí, si no cuajaba, despediríamos a mis ovarios de esta telenovela y pasaríamos a ovodonación con la conciencia tranquila de haberlo intentado hasta la saciedad.

Así llevamos haciendo ciclos desde Noviembre. El primero, ya lo sabéis. Dos ovocitos, solo uno vitrificable. El segundo, un ciclo de los que te devuelven la fé en tu cuerpo, en la medicina y en los pedazo de ciéntificos que inventaron el omifin. Fueron cinco ovocitos, los cinco maduros.

El tercer ciclo, justo a la vuelta de navidad, tenía buena pinta. Muchos folículos antrales para mis estándares!(leáse “muchos folículos antrales” como 6 en total).Mi chico y yo salimos de la segunda eco muertos de risa diciendo “Cuidado!! A ver si hiperestimulo!! Sin embargo, cada folículo estaba haciendo la guerra a su rollo y terminamos con dos folículos dominantes. Al final nos quedaron dos ovocitos vitrificables. Así que, de momento, nuestro recuento de papeletas para el sorteo del bebé es 4 embriones vitrificados + 8 ovocitos.

Y pensareis, ya hemos hecho los tres ciclos…Pues sí, pero 8 ovocitos en alguien de mi edad y con mis antecedentes son tan poquitos…Para tener una oportunidad medianamente decente necesitaría del orden de 20. Obviamente, a mi velocidad de tortuga coja, a ese número no voy a llegar, pero acordé con mi chico hacer otros tres ciclos, osea un total de seis.

Y ahora estamos a punto de terminar el cuarto. Como llevaba muchos ciclos seguidos de omifin y esto puede atrofiar el endometrio, decidimos cambiar de protocolo. Probamos el Microdose Flare up Lupron que básicamente es como un ciclo largo (con Decapeptyl o Procrin para frenar los ovarios) pero en dosis mucho más bajas de agonista y durante menos tiempo. Este protocolo se utiliza en EEUU en baja reserva así que pensé por qué no intentarlo…Pues error. No sé si ha sido el protocolo o es el DHEA o es mi cuerpo que está cansado pero, de nuevo, hay un folículo mucho más grande que los demás que probablemente nos obligue a ir a punción demasiado pronto.

Salimos de consulta arrastrando los pies. Nos hemos dejado un dineral en este ciclo porque utiliza mucha medicación y me he tenido que dar 5 pinchazos al día. Por justicia tendría que haber sido un buen ciclo pero, como dice mi psicóloga, la vida no es justa o injusta, es simplemente vida.

Así que esta soy yo hoy. Un proyecto de gallina ponedora que se alimenta y cuida con el único fin de conseguir huevitos. Muchos huevitos ya sabemos que no van a ser pero, ¿podrían, por favor, ser buenos? Alguno??Pleeeeease!

Por si las moscas repito el llamamiento del año pasado. Alguien me ha vuelto a nominar (GRACIAS!!)para los premios Madresfera 2017 en la categoría de infertilidad. Sigo sin saber si el premio es un bebito pero lo que si sé es que quien ganó el año pasado, tiene ahora un bebé en casa…Coincidencia?!! Dejo el enlace en la parte superior de la página por si alguien quiere ayudarme a averiguarlo…

 

La de arena…

De los creadores de “Ciclo milagro” y, con exactamente la misma medicación, llega, tres meses más tarde, “Ciclo mierdón”.

Tras el exitazo de nuestro primer ciclo “miniestimulado” (4 embriones como 4 soles) no pudimos evitar venirnos arriba y pensar que habíamos dado con la tecla. Por fin éramos de esos que hacíamos embris casi sin despeinarnos, simplemente teníamos que llevar la medicación correcta, pensamos. Así que el mes pasado tratamos de repetir el guión. Empezaríamos por una semana de progynova en la segunda fase del ciclo, seguiríamos con nuestro amigo el omifin y, a partir del sexto día de estimulacion, 150UI de lo que fuera que tenga FSH en días alternos.

Pues bien, la primera eco ya pintó mal. El ovario derecho no se había enterado de que le tocaba jugar (para variar) y en el izquierdo había 4 folis pequeños. Tras mi cara de…WTF??, Alfonso me intentó tranquilizar diciendo que era pronto. Pero mi intución (vale también le podemos llamar pesimismo) sabía que este ciclo no estaba yendo como su hermanito.

Resumiendo, el día 10 de estimulación ya era oficial que solo había crecido un folículo y Alfonso nos propuso cancelar. Pero claro, tanto sentir que tengo los óvulos contados y tanto escuchar que solo se necesita uno decidimos que iríamos a por ese aunque estuviera tan solito.

Unos días más tarde fuimos a punción sin anestesia al ser solo uno (como me fastidia perderme el mejor momento que tiene un tratamiento que es ese chutecito) y salió nuestro ovocito. Como en el ciclo milagro habíamos hecho columnas (MACS) con el semen de mi chico para asegurar elegir a los mejores, aqui dijimos, ya que nos la jugamos hacemos doble o nada. Así que pagamos nuestras columnitas religiosamente. La suerte estaba echada, toda la fuerza para nuestros pequeños gametos.

La llamadita del día siguiente llegó particularmente pronto, al menos no tuvimos que esperar. Mal, fecundación anómala, tres pronucleos. Esto quiere decir que mi óvulo, al hacer la meiosis, en lugar de quedarse con 23 cromosomas, se los quedó todos, los 46. Incompatible con la vida. Alfonso, que creo que ya nos conoce, a nosotros y a la mujer infertil en genérico, se presuró a decirme que no sacara conclusiones. Según él esto ocurre en un porcentaje de ocasiones y a mí no me había pasado antes así que era pura estadística.

Sea como fuere, ahí estábamos con 2500 euros menos en la cuenta y cara de idiotas. Sinceramente, si tuviera que sacar una conclusión sería que mis ciclos juegan conmigo al despiste. Cuando creo que va a ir mal, va bien y al contrario. En fin…

Siguientes pasos? Estuvimos en valencia para que me revisaran el útero en plena estimulación. Como la estimulación estaba lejos de ser plena no pudieron ver gran cosa pero me aconsejaron, en cualquier caso, una histeroscopia quirúrgica. Después del aborto y del bioquímico era recomendable asegurarnos que el útero estaba bien. Así que, si todo va bien, en un par de semanas vuelvo a pasar por quirófano. A partir de ahí me decapeptilizan durante un par de meses (ya puede empezar a temblar todo el que tenga la mala suerte de cruzarse conmigo este verano) y luego, si todo va según planeado, transferencia en septiembre…Me parto conmigo misma, ¿será posible que aún me quede ese poquito de inocencia como para pensar que las cosas iran según planeado?

Gaspar

En la última sesión, mi psicóloga puso encima de la mesa tres reyes magos para que escogiera uno al que decirle lo que quería que me trajera el nuevo año.

Escogí a Gaspar, por ejemplo, pero en lugar de deseos solo pude pedirle cuentas. Sinceramente, Gaspar, no pierdo el tiempo contigo. Ha quedado sobradamente probado que no haces mucho caso a lo que te pido, de hecho, creo que lo retuerces de tal modo que cada año acabamos más lejos de mi deseo que el anterior.

Y ahí tuvo que intervenir la doctora. Que si era importante mantener la ilusión y la esperanza, que quizás podría pedirle un deseo ajeno a todo este tema…buffff…En el ámbito de los deseos, la maternidad tiene ahora mismo monopolio en mi cabeza. Queremos tener un bebé, simple y llanamente, y, por supuesto, hay otras cosas que me pueden alegrar, que me hacen sonreír, pero siempre sobre la sombra de una pena, del sueño aún no conseguido de ser madre.

Y el año no termina bien en ese sentido. A mediados de mes tuvimos cita con Juana para ver por donde tirábamos. Yo estaba convencida de que su postura sería ovodonacion pero el hecho de que tenemos un embrioncito congelado le hace decantarse por una última intentona con mis óvulos. Debo conseguir dos embris más y hacer una transferencia de los tres.

Asi que retomamos la fase de las punciones y las llamadas del demonio esta vez en Madrid, concretamente en Minifiv que nos gusta por muchos motivos siendo el doctor, Alfonso, el motivo principal.

Hace unos días fuimos a verle y resultó que el folículo del mes tenía buena pinta y llegábamos a tiempo. Así que, sin nada de medicación más que el ovitrelle 36 horas antes, fuimos a puncion a rescatar a ovocito. La punción, sin anestesia, molestó un poco pero es algo totalmente soportable sobretodo viniendo de dónde venimos. Y así, a las 09:30 de la mañana, llegaba a la oficina con un folículo menos y una esperanza más.

Al día siguiente tenía una reunión en el trabajo en la que mientras esperaba la primera de las llamaditas, me encontré a una chica embarazadisima de la que lo último que había sabido es que su marido llevaba un año en Nueva Zelanda y solo se habían visto tres semanas. Eso es un aparato reproductor como dios manda y no el mío, joder, pensaba yo cuando sonó el teléfono. Era Alfonso y confirmado, había fecundado. Mi novio estaba feliz. Con este embrión el camino que quedaba parecía más claro, más dibujado. Teníamos hoja de ruta.

Pero como nuestra gracia nunca es completa, dos días más tarde nos llamaron para decir que el embrión se había parado. Y digo yo, costaba mucho dejarnos dar aunque fuera un pequeño paso para poder terminar el año con una buena noticia? Al parecer sí y aunque Alfonso me insiste en que no desesperemos, lo hacemos porque con respecto a este tema cada vez que descolgamos el teléfono es para oír un “lo siento” del otro lado. Puertas, ilusiones, que se te cierran en la cara.

Por eso, Gaspar, francamente que te den.

Un universo de emociones

Finalmente el resultado del Test NACE (analítica en sangre) y el resultado de la biopsia corial fueron los (terriblemente) esperados. A pesar de que nuestro riesgo era 1:10, la china tocó y fuimos el uno. Las nueve chicas restantes lo contarán como un susto.

Se confirmó la trisomía 21 que, según nos explicó el médico, probablemente, a la vista de los marcadores ecográficos, iría acompañada de otro tipo de malformación y/o cardiopatías. Era posible que la bebé, de manera natural, no llegara a término. Pero todo esto eran sólo especulaciones más o menos probables. La única certeza, por ahora, era la trisomía, y, en base a ella teníamos que decidir.

En los días de espera de los resultados habíamos ya hablado y “rehablado” sobre qué haríamos si se confirmaban los peores pronósticos. Lo estudiamos desde todos los puntos de vista, desde todo nuestro amor al bebé y desde todo nuestro deseo de ser felices. Y decidimos que no seguiríamos adelante con el embarazo por ella y por nosotros. Esta decisión nunca es clara, es la decisión más amarga que hemos tenido que tomar y nos hizo y nos hará sufrir mucho. Pero fue nuestra decisión y tendremos que aprender a vivir con ella.

A partir de ahí debíamos decidir cómo interrumpir. De nuestro tiempo de gestación (14 semanas) hay dos métodos. Uno es una especie de legrado por aspiración. De esta forma te ponen pastillas para dilatar lo suficiente como para introducir el aparato de aspiración. Cuando has dilatado te anestesian y llevan a cabo la intervención. El otro es la inducción al parto. Este proceso es mucho más largo y doloroso para la madre pero menos invasivo para el útero y para el feto.

Nosotros preferimos el segundo. Queríamos proteger el útero en la medida de lo posible y, además, yo sentía que quería que mi bebé saliera de mí de forma natural. El dolor físico solo iría perfectamente a juego con lo rota que me sentía por dentro. Quería que así fuera nuestra despedida.

Finalmente fue una inducción que duró 20 horas. Las últimas 6 con mucho dolor a pesar de la morfina. Cuando creía que no aguantaba más y que tendríamos que ir al legrado a pesar de todo, llegó una doctora que me exploró causándome un dolor inhumano al que siguió la rotura de la bolsa y unos minutos después solo silencio. Noté como salía de mí algo y los sanitarios se miraron, empezaron a susurrar. No sabían qué hacer hasta que me dijeron lo que ya sabía, que ya había expulsado al feto. No quisimos mirar, solo llorar, llorar como nunca había llorado. Así hasta que se la llevaron.

El dolor físico seguía (las contracciones) porque aún no había expulsado la placenta así que, por fin , me durmieron y me hicieron el legrado. Estuve un día más en el hospital hasta que recuperé un poco de fuerza y dos días más tarde del ingreso nos dieron el alta.

Desde que todo esto empezó a torcerse vengo pasando por distintos estadios. Voy y vengo por días, por momentos.

El primero, sin duda, fue El mundo de mierda. Porque si cada análisis de sangre, si cada visita a médicos lejanos, si cada inyección de hormonas, si cada espera en la consulta de Juana, si cada buena y mala noticia, si cada esfuerzo que hemos hecho ha servido solo para conducirnos al peor momento de nuestra vida, a la decisión más dura, al instante más desgarrador en que nuestro bebé salía de mí para no vivir, esto no puede ser otra cosa que un mundo de mierda. Un mundo injusto que termina imponiendo su voluntad de mierda aunque intentemos controlar cada variable. Que te da esperanzas para luego lanzarte al vacío más profundo, más inhumano. Hemos perdido la inocencia. Las cosas muy malas a veces suceden. Y no siempre a otros.

Con el paso de los días se ha ido imponiendo la lágrima perpetua. La rabia ha dado paso a una pena enorme. Porque nuestra pequeña ya no está dentro de mí, porque la siento sola y me siento sola sin ella. Porque estaba embarazada y así, de repente, ya no lo estoy. Porque tachábamos los días y ahora los días no me importan, no nos llevan a ningún destino.

Pero también hay otros momentos, de esperanza, de aprendizaje. En mitad de toda esta basura, de este sinsentido, encuentras que pasa algo gracioso y te ríes, que te comes un trozo de jamón o de sushi y disfrutas, que te sientes querida con los mensajes de ánimo de las personas que lo sienten de verdad, que mientras tengas fuerza física podrás correr, desfogarte, vivir. En definitiva, que hay hostias enormes, terribles, como la nuestra pero se sigue, por lo menos, respirando. Y en ese seguir respirando incluso encuentras algún momento bueno.

Y, por ahora, no me puedo o no me quiero exigir nada más. Lloraré cuando quiera. Me enfadaré cuando quiera. Y, ojalá, cada vez más, de vez en cuando sonría.

 

 

Betaespera en masculino

betaespera en masculino

Las referencias temporales son siempre engañosas. Están habitualmente impregnadas de una subjetividad que las hacen poco o nada comparables. Un minuto debajo del agua es interminable y un minuto más en la cama cada mañana  es calderilla. Así que doce días soñando, temblando y volviendo a soñar a la espera del definitivo pinchazo en el brazo de la que aquí habitualmente escribe, os puedo decir que equivalen a carrera universitaria y varios masters.

No somos nuevos en esta batalla de la beta espera, ya llevamos dos en la mochila, pero de forma consciente o no esta vez la estamos viviendo de forma diferente. Usando un paralelismo con los Juegos Olímpicos, sería como decir que llevamos preparando este momento todo un ciclo olímpico de la fertilidad. Es decir, un año que ha durado como los cuatro años que hay entre Olimpiadas. Todo se va a decidir dentro de cinco días pero, como en los Juegos Olímpicos, quien no ha pasado por aquí no es consciente del esfuerzo y sacrificio que nos han traído hasta este momento.

Tenemos que ser optimistas. No sólo porque los días de pesimismo te consumen y se consumen sin fundamento alguno, sino porque mirando hacia atrás hay que estar orgullosos y tranquilos ya que todo lo que estaba en nuestra mano y en la de los que más saben de esto se ha hecho. Operación, alimentación, paellas valencianas sobrevenidas, hormonas, acupuntura, medicinas y plegarias a extrañas deidades se han convertido en los nuevos compañeros de viaje de mi mujer.

Las dos beta esperas anteriores, una de ellas con la breve pero intensa alegría del resultado positivo, no íbamos tan preparados. La ignorancia dicen que es fuente de felicidad y en aquellas ocasiones, de alguna manera éramos unos recién llegados a este mundo, la tensión y el miedo que ahora sentimos no existían. Al menos eso creemos hoy, pero ninguno de los dos lo puede certificar ya que como decía antes un año en este mundo es mucho tiempo…Pero no nos engañemos, la ignorancia no deja de ser otra cosa que desconocimiento de la realidad que te rodea, y por eso esta vez, gracias a contar en muchos momentos con una mujer ausente a mi lado consumida por blogs y estudios variados, hemos prescindido de la ignorancia. Todo lo atacable se ha atacado, no se ha descuidado nada y por eso me niego a ser pesimista.

Tengo miedo, mucho. Visualizo el momento de recibir el resultado una y otra vez, ya llevo al menos diez positivos y unos cuantos negativos, visualizo nuestra reacción y acabo por echar a patadas estos pensamientos de mi cabeza. El destino nos debe una, como seguro que se la debe a todos los que leéis este blog, y qué mejor mes que el siempre alegre agosto para cobrarnos esa deuda. Creo que ya va siendo hora.

Make my summer, make our lives

SC y SE

Me encanta el inglés. Aunque quien realmente entienda de esto dirá que es un idioma muy rico en vocabulario, yo tengo la sensación de que, al menos el común de los mortales, con unas cuantas palabrillas simples se apañan para expresar ideas de forma muy certera. Y así la expresión Make my day, que, por lo visto, viene de una película de Clint Eastwood, quiere decir: Alégrame el día, haz que mi día merezca la pena.

Pues bien, hoy, a día 6 post-transfer, quiero pedirle a mis dos embris (Super Campeón y Super Embri) que, por favor, hagan lo que puedan para que este verano merezca la pena, para alegrar nuestra vida…

El 3 de agosto tuvimos consulta en Valencia para ver cómo iba el mioma. Absolutamente decaputeada como estaba tengo que reconocer que a lo más que aspiraba (y aspiraba con fuerza) era a librarme de ese cocktail molotov para mi salud mental. Del mioma, hombre, si se hubiera movido un poquillo…Pues Bingo! parece que el susodicho se había reducido la friolera de 3 mm y ahora quedaba a 4 mm del endometrio (o zona de alta tensión). Así que gracias a más o menos lo que mide una hormiga y de las pequeñas, yo salía de la consulta de Juana con la pauta de preparar en 5 días mi endometrio para hacer transferencia en ciclo sustituido. Esa noche empezaría con Provamés 2 mg via vaginal para volver 5 días más tarde a ver cómo había evolucionado.

En la visita posterior el endometrio parecía tener buena pinta pero, por ponerle un poco más de emoción al tema y porque los estrógenos habían hecho su cometido, el mioma había crecido de nuevo un poco y saltaban las alarmas al estar a 2 mm del endometrio. Así que, “sin prometerme nada” en sus propias palabras de Juana, de momento seguíamos con el plan pero sería el propio día de la transferencia cuando decidiríamos si finalmente se hacía o no en función de mi molesto inquilino y su posición. Esa misma noche, confirmado un valor adecuado de estradiol (>200) empezaba con la progesterona 4 pastillas/día también vaginal (es increible la de pastillas que caben en una sola vagina).

Y por fin llegó el día…el viernes 12 de agosto, el día que empezaba la feria de mis amores, la noche de la lluvia de Perseidas, sería el encuentro con mis pequeños (Juana y mioma mediante). Por la mañana Juana confirmó que el mioma estaba bajo control (de repente estaba lejísimos) y quedamos para la transferencia por la tarde. A partir de ahí flotaba…tan contenta…hombre, por supuesto temía un poco la descongelación de mis pequeños pero quería pensar ya solo en positivo. Y tras las dos horas de espera de rigor ahí estaba yo con mi bata verde en pelotingas, con mi chico, sonrientes los dos, entrando al quirófano  y visualizando a nuestros niños.

Juana me había hecho una prueba de transfer en la penúltima consulta y había confirmado lo que yo ya sabía, que mi transfer era facilísima. He tenido muchos tipos de problemas en mis tratamientos pero ese no. En el quirófano, antes de cargar la cánula, repitió la prueba de transfer y de nuevo chistes sobre lo facilita que era. Y de repente cuando ya me están poniendo a mis pequeños la cánula no entra, se choca. Juana intentó e intentó (siempre sin hacerme el más mínimo daño) pero se chocaba así que al final pidió que se llevaran a nuestros embris y los cambiaran de cánula. Yo intentaba seguir tranquila pero el corazón iba rápido. No entendía nada. ¿Por qué siempre que me confío con algo se tuerce? Por fin, con la cánula nueva, la famosa cánula japonesa de la que tanto me habían hablado amigas con transfer complicadas, fue coser y cantar.

Y bueno, la verdad es que nos quedamos en shock. La transfer, tan esperada, tenía que haber sido rápida, feliz. Yo he leido que esos dos factores afectan al resultado, a que los embris puedan quedarse. Y en un momento, por una chorrada sentía que se lo habíamos puesto díficil. Intenté cambiar mi ánimo. Me puse canciones camino del hotel, canté, mi chico y yo hicimos meditación de útero, pero bufff, me costaba tanto estar optimista.

Y así pasé el primer día post transfer. Intentando no llorar pero con un nudo en la garganta. Intentando estar positiva pero enfadada conmigo misma por no conseguirlo…Hasta que, de repente, me puse a pensar. ¿Cuántas veces todo parecía ir de libro y se ha torcido? ¿Cuantas veces todo parecía ir fatal y al final ha ido bien? ¿Cuantas posibilidades hay de que una chica con hidrosalpinx y muy baja reserva y un chico con teratozoospermia se queden embarazados de forma natural al primer mes de intentarlo? Pues bien, sé que todas esas cosas pasan porque a mi me han pasado por mucho que las estadísticas digan que no es muy probable. A mi no me importa cómo de probable es que mis pequeños se queden conmigo, lo que me importa es que finalmente se queden. Así que decidí aparcar la ciencia, creer en las señales, en la lluvia de estrellas, en que por qué no. Eso y que una amiga que fue mi angel de la guarda particular me dijo que a ella le había pasado exactamente lo mismo en su primera transferencia con Juana y se había quedado embarazada de los dos embris.

Así que cambié el chip. A partir de ahí comencé una betaespera normal, con las torturas propias de la misma, si te duele porque te duele y si no te duele porque no sientes nada. He estado haciendo bastante reposo, primero en una hamaquita de una casa que alquilamos en la huerta valenciana y ahora ya, tristemente, en nuestro piso de madrid tan fresquito en agosto pero a partir de mañana, que ya hace una semana, voy a hacer vida lo más normal posible porque creo que si no, me puedo volver loca.

Este verano no ha sido el mejor, casi no ha parecido un verano. Primero la entrada en escena del mioma y el retraso de todo y luego el decapeptyl y sus efectos secundarios, no nos han dejado disfrutarlo, no nos ha cundido nada. Pero de repente, si la luna, las perseidas, los santos, las diosas de la fertilidad, la física y la química y todo a lo que hemos pedido se alinea puede convertirse en el mejor verano de nuestras vidas. Por favor, si podeis pequeñines, SC y SE: Make my summer, make our lives.