Llorar por las orejas

Por fin (o no) hemos terminado una etapa. No más FSH (en cualquiera de sus modalidades), no más LH, no más Ovitrelle…Mis ovarios han hecho su parte, lo que han podido, lo mejor que han podido. Ahora el papel protagonista pasa al útero, a los embriólogos y a cualquier santo que nos acoja en sus pensamientos.

El último ciclo terminó hace un mes. Otros 4 ovulitos a la saca, un total de 30, si nos lo cuentan en los primeros meses, en mitad de nuestras áridas punciones de uno o dos ovocitos, nos habríamos muerto de la risa. Pero aunque 30 es mucho más de lo que esperábamos conseguir, sabemos que pueden no ser suficientes. La estadística dice que deberían serlo pero ya nos conocemos esa y yo y sé que es muy capaz de hacer rarezas. Así que reconozco que me ha costado dar carpetazo, plantarme, sobretodo cuando el viaje a Perú se retrasó y me di cuenta de que podía encajar un ciclo más. Ya NO, me dijo mi chico, ya está bien. Toca cuidar tu cuerpo.

Empezamos una nueva etapa, hoy pinchazo del primer decapeptyl mensual. Cuando me baje la regla haremos histeroscopia y TEST EndomeTrio (ALICE+ERA+EMMA) para asegurarnos de que tanto el útero como el endometrio están en su punto. A partir de ahí, dos meses más con decapeptyl para intentar secar adenomiosis todo lo posible y para principios de noviembre calculo que programaríamos la primera transfer.

Y mientras nosotros seguimos con nuestra gymkana profesional, el mundo gira y gira y el tiempo pasa. Hemos perdido algo de perspectiva, demasiado tiempo para pensar. Ver a mi sobrino pequeño (nació hace un par de meses) me recuerda lo sacrificado de la maternidad e inevitablemente me trae los clásicos Y si´s a la cabeza. ¿Y si no podemos tener hijos porque realmente no seríamos buenos padres? ¿Y si mi chico y yo no somos suficientemente compatibles como pareja para afrontar la paternidad? Pero entonces empiezo a escuchar el ruido de fondo. Estoy en una playa donde una madre está gritando a su niño por una chorrada. A mi lado una embarazada está contando que ella Radler sí que bebe. Me tumbo boca abajo, recuerdo que las cosas no siempre suceden por algo. Que eso es lo que puede pensar la gente a la que nunca le pasa nada malo porque eso les tranquiliza. Les permite pensar que tenemos algún poder sobre las cosas que nos pasan. Pero cuando te ha pasado algo realmente malo te das cuenta de lo fortuito, de lo aleatorio. Así que supongo que seremos unos padres como cualquiera y una pareja como cualquiera solo que bastante más infértiles. Cierro los ojos para no llorar, llevo tiempo sin hacerlo, pero tengo la cabeza llenita de lágrimas. Tantas inyecciones, tantos potros, tantas noticias, tantas decisiones, tantos adelantamientos por la derecha, tantoooo tiempo que, por mucho que cierre los ojos, se me escapa una lágrima por la oreja.

Vacaciones por prescripción médica

Perdonad mi silencio de las últimas (muchas) semanas. He estado, para variar, entre pinchazos, nervios, ecos y anestesias…Pero para no faltar a la verdad diré que también he estado… de vacaciones!!!

Cuánto nos puede molestar a las infértiles la frasecita de cuándo te relajes llegará, mi primo se fue a un viaje y cuando volvieron…etc. En fin, todos sabemos de lo que hablo. Pues bien, ¿y si ahora soy yo la que empieza a recomendarle a otras infértiles viajes como el mejor sustituto del gonal? Creedme que me molesto hasta a mí cuando lo digo pero como ingeniera que soy…a los hechos me remito.

En mi última entrada estábamos a punto de terminar nuestro ciclo número seis de la temporada de “Acumulando”. Teníamos un viaje reservado a Azores que estábamos tentados a anular ante el panorama de 5 foliculitos pequeños que podrían terminar de crecer con un Dual Stim. Pues bien, el ciclo no fue tan fatídico como apuntaba el día de mi entrada y se cerró con 3 ovocitos más para la saca. Eso y nuestra doctora que nos recordó que más vale viaje en mano que ovocitos volando (supongo que la pobre tampoco quería renunciar a las vacaciones de sufrirnos que le damos dos semanas cada mes) inclinó la balanza y nos colocó dos días después de la punción en una islita en mitad del Atlántico.

Allí pues lo de siempre, cosas nuevas que ver, que probar, desayunos junticos,tranquilos y con mugidos de vaca a lo lejos, nada de ordenadores ni reuniones, vamos lo que son unas buenas vacaciones. Y tras una semanita larga de todo eso no quedó más remedio que volver a casa y al curro, sincronizadísimos con la regla como siempre y listos para volver al pinchoteo.

Este séptimo ciclo empezó pintando bien: 5 folis creciendo parejos en las primeras ecos. Tranquila, retén expectativas, me decía mi chico. Pero seguíamos avanzando y el foli del derecho seguía sin despuntar para fastidiarnos el ciclo. ¿Sería posible? ¿Estaríamos por fin ante un ciclo bueno de verdad, un ciclo de casi normorespondedora? Pues tras un fin de semana de infarto…

(Abro paréntesis para explicar un asuntico. Resulta que mi cuerpo otra cosa no pero puntual es un rato. De manera que hace varios ciclos que mis punciones son en martes. Eso significa que estoy lista para pinchar Ovitrelle el domingo. Lo que significa que las ecos más importantes, las que programan punción, son en fin de semana. Como mi doctora no trabaja el fin de semana quien me programa no es ella. Quien me programa no me conoce, ni a mis folículos ni a mi necesidad de controlarlo todo. Así que normalmente los viernes mi doctora me pauta cita el domingo. Yo salgo de consulta más o menos conforme pero entonces empiezo a pensar…y si ovulo antes, y si los folículos crecen demasiado y ya están demasiado grandes el domingo…Esto normalmente termina con un mail a mi doctora, que casi podría reutilizar de ciclo a ciclo, en el que le planteo mis “evidencias” a por qué deben verme el sábado también. Normalmente me responde que OK pero este séptimo ciclo no lo hizo. Así que el sábado por la mañana estábamos mi chico y yo desayunando con cara de entierro pensando en mis cinco folículos perfectos, todos yéndose al garete por pasarnos de día cuando él cogió las llaves y me subió en el coche camino a IVI. Yo me iba cabreando por momentos pensando por qué me hacen pasar estos malos ratos, total por una eco, qué les costará, si ya me conocen, con el dineral que pagamos etc…De forma que cuando llegamos y la doctora de guardia me quiso regañar por llegar sin cita eché tal espumarajo por la boca que terminó diciéndome que lo entendía mientras me daba una palmadita en la pierna)

Bueno pues como decía, tras un fin de semana de infarto, Martes de punción e igualamos record histórico. ¡¡¡5 ovocitos!!!! A partir de ahí mi mente ingenieril se puso a pensar buscando el mínimo común múltiplo de todo esto. Mis mejores ciclos han sido tres:

  • El primero: el ciclo milagro en MiniFIV con 4 ovocitos que dieron 4 embriones. Circunstancia: acabábamos de volver de estar un mes en Sri Lanka.
  • El segundo: el segundo ciclo de esta etapa de “Acumulación” con 5 ovocitos. Circunstancia: acabábamos de volver de estar dos semanas en Mauricio.
  • El tercero: este séptimo ciclo de la etapa de “Acumulación”con 5 ovocitos. Circunstancia: acabábamos de volver de estar semana y media en Azores.

Conclusión inmediata que presenté ante el comité científico (mi chico): nos tenemos que ir de vacaciones lo antes posible para que el próximo ciclo sea igual de bueno.

Mentiría si dijera que no hubo resistencia. Mi pobre novio es muuuuyyy tranquilo, le gusta mucho planificar las cosas con antelación y le gusta poco gastar dinero. Era evidente que yo no había tenido mucho en cuenta sus “limitaciones” o deseos pero como le dije, no nos vamos de vacaciones porque yo quiera, es el protocolo de preparación de antrales, el que mejor nos va. Total que tras unos días de caras largas y de que me dijera que empezaba a tener “vacación fobia” nos subimos a un avión rumbo a Ibiza.  Allí pues de nuevo, playita y desconexión aunque también mucho recién salido de Mujeres Hombres y Viceversa que nos recordaba que ya pasamos los treinta hace muuuchos años y eso se nota.

Y de vuelta a la rueda…Avión de vuelta un par de días antes de la regla, eco y pinchacitos. Y así, tras otro fin de semana memorable en el que si no me he hecho más test de ovulación ha sido porque solo tenía tres y los he reutilizado, hemos llegado a la punción de hoy con otra noticia increible…otros 5 ovocitos!!!!

Así que no puedo mentir, a la próxima compi infértil que me encuentre no me va a quedar más remedio que recomendarle unas vacaciones. Perdonadme, deben ser las hormonas.

Vértigo que el mundo pare…

¿Nos estamos dando cabezazos contra un muro? ¿Nos pasamos de insistentes o simplemente no tenemos buena suerte?

Por actualizar un poco nuestra situación…

Después del último ciclo en el que conseguimos un ovocito, decidimos seguir con la estimulación durante fase lutea según el protocolo que se llama DuoStim. A parte de un dolor de cabeza insufrible, estuvimos toda la Semana Santa yendo a ecografías cada dos días en nuestro destino vacacional. Como siempre caretos tras cada una. Solo había un folículo. Teníamos bastante claro que ya estaba bien de sangría económica y que ese ciclo lo cancelábamos y no íbamos a punción pero, al final, la doctora nos dijo que siendo realistas, el próximo ciclo no tenía por qué ser mejor, y uno es mejor que cero. Nosotros, que solo necesitamos un empujocito para animarnos, hicimos el pago correspondiente y desfilamos a quirófano como ya viene siendo costumbre. Al final, sorpresón, de un minifoli de 10 mm salió otro ovocito. Total, dos ovocitos maduros. De nuevo, confeti y cava sin alcohol para celebrar.

Unos días más tarde fuimos a cita con nuestra doctora para ver en qué momento del ciclo estábamos y, qué casualidad, estábamos hormonalmente justo a tiempo de empezar otro ciclo. Así que show must go on y vuelta a los pinchacitos. Pero este ciclo parecía diferente. Resulta que había 6 folículos avanzando a paso firme.  Me daba hasta miedo expresar en voz alta que tenía taaaan buena pinta. Pero es que la tenía, la tenía…Hasta este fin de semana en el que, para variar, a uno de los folículos le ha dado por dispararse y a todos sus amiguitos por estancarse. Así que ahí estamos otra vez con un folículo de 18 mm y 5 en el entorno de 11 mm (esos sí están igualaditos, claro…). Nos han dicho de aguantar un día más por si alguno de los pequeños se anima  pero tiene una pinta regular y encima podemos perder el grande.

Así que imaginaros el hostión que nos hemos llevado. De 6 a 1 y con suerte. Rapidamente mi cabeza se ha puesto a pensar si podríamos seguir estimulando para ir a por los pequeñitos tras sacar el grande haciendo otro DuoStim. La doctora dice que lo valoraremos mañana según los tamaños pero, por supuesto, todo es siempre mucho más complicado. Y es que justo hace dos días cogimos un billete para irnos, por fin, de vacaciones. Un billete a Azores que, imaginaos, no es especialmente barato. Así que el dilema ahora es perder el dinero del vuelo o perder los solo potenciales 5 folículos. Luego haciendo un doble mortal está la opción de irnos a Azores y tratar de que nos vean para ecos alli en una clínica de fertilidad que parece haber pero no se si eso es ya solo una locura de las mias.

Mierda y más mierda. Para cuándo un ciclo super bueno. Para cuándo un margen a la ilusión que no acabe en bofetada. Para cuándo algo de libertad para vivir nuestra vida.

Ayer estuve en un concierto de Ismael Serrano reencontrándome con canciones que conocía de siempre. Pero, de repente, diez años después, las canciones tomaron un sentido diferente. Sabemos que Ismael Serrano no es la alegría de la huerta precisamente y tiene muchas canciones acerca de la dureza de hacerse mayor, el “Vértigo”, y la nostalgia de tiempos que no volverán. Y ahí me golpeó, canciones en las que antes no me daba por aludida con veintitantos ahora me removieron.  Tenemos 37 años,  aún somos jóvenes. Quizás ya no tanto para el tema reproductivo pero sí para apurar la vida, para viajar, para beber, para no estar tan preocupados por nuestra salud, para probar cosas diferentes, para ser imprudentes. Y en lugar de eso estamos contando los meses en número de ovocitos, deseando que vuele el tiempo para pasar a la siguiente fase de nuestro proceso. Ayer tomé consciencia de que este tiempo no volverá, de que puede que haya un día en que nos arrepintamos de no haber intentado ser felices al 100% AHORA, de invertir tanto de nuestro presente por un futuro que no sabemos si llegará.

Para bien o para mal creo que no podemos seguir mucho más por este camino. Nadie nos va a devolver el tiempo invertido y vamos acumulando ya muchísimos chichones.

Como un cajón desordenado

Así tengo la cabeza hoy, como un cajón desordenado. Repleto de calcetines desparejados y con agujeros, con camisetas que no van aquí y tan lleno que no se cierra.

Ayer tuvimos punción. Sacamos un ovocito. Así. Así de pobre. Diez ampollas de Pergoveris después, 2700 euros mediante, un ovocito. Y lo peor es que nos quedamos contentos, al menos el ovocito era maduro.

Pero hoy todo me agobia.

Las estimulaciones. ¿Tiene sentido seguir haciendo estimulaciones? Claramente no van a mejor. ¿Qué falla? ¿El protocolo, mi cuerpo, la puñetera mala suerte? Nos recomendaron hacer estimulación también en fase lútea, es decir, si la punción fue ayer, dentro de tres días deberíamos retomar los pinchazos y ver si despertamos a mis ovarios en sus diítas de descanso. ¿Saldrá algo de ahí o si no son muy generosos cuando les toca nos mandarán al cuerno ahora que ni les toca? ¿Qué pasará luego? Me vendrá la regla en mitad de la estimulación de fase lútea y la siguiente estimulación ¿la tendré que empezar en mitad del crecimiento del endometrio?

Y todo porque queremos hacer dos estimulaciones más y nos agobia el tiempo. ¿Y por qué nos agobia el tiempo? Principalmente porque en Agosto, teoricamente, me tengo que ir por trabajo tres semanas a Perú. Además del tiempo que voy a “perder reproductivamente” allí está el hecho de que en Perú hay Zika. Fui a Sanidad exterior donde me confirmaron que el protocolo establece entre dos y cuatro meses de espera para concebir tras volver de un país con Zika y, a pesar de mis intentos de convencerles, me aseguraron que en Lima hay Zika. Les pregunté si me podría hacer una analítica a la vuelta para verificar que no había pillado nada y así acelerar los plazos pero el señor que me atendió, un derroche de empatía, se limitó a responderme que ese no era el protocolo, que el protocolo era esperar.

Me puse a investigar y en Madrid hay un laboratorio que hace la analítica. Está en fase de investigación aún, como casi todo los relacionado con el Zika, pero por 90 míseros euros (qué es eso para una infertil de privada?) me sacarían de dudas. ¿Problema? Pues que el análisis puede arrojar falsos positivos si tienes la vacuna de la fiebre amarilla puesta y…bingo! es mi caso. Total, me voy a hacer un análisis en los próximos días para ver si ahora es negativo y si lo es asumo que el análisis a la vuelta será válido.

Y mi hermana me dice, ¡qué le den al trabajo! ¡Esto es mucho más importante! Y está claro, lo es. Si yo supiera que este camino está por terminarse, que es un último esfuerzo para llegar a meta, no lo dudaría. Si ya lo sacrifico todo, mi tiempo, mi dinero, mi salud, ¿qué supondría esto ? Pero no sé cuánto tiempo me queda en este limbo de vida en el que el botón del pause lleva pulsado tres años. Llevo tres años poniendo excusas, supeditando todo al proceso. El año en que me quedé embarazada debería haber ido también a Perú a poner en marcha un proyecto en el que llevaba trabajando tres años. En mi lugar tuvo que ir mi jefe. Además de que me perdí la satisfacción de poner la guinda al pastel que llevaba cocinando tanto tiempo tuve que fastidiarle las vacaciones, aguantar mil por qués, quejas y una mala evaluación. Y si todo eso lo sufres con tu bebé en el pecho supongo que te resbala pero cuando te toca volver con el rabillo entre las piernas y la cara de pena todo duele mucho más. Así que este año no querría volver a repetir lo mismo. Obviamente, si consiguiéramos nuestro positivo antes de ir a Perú, no iría y santas pascuas pero claro, en la empresa hay cierta planificación. Así que si quiero hacer un intento tiene que ser como tarde en Junio.

Para eso, y como la transferencia que resultó fue tras mes y medio de decaputada (también llamado decapeptyl) mi cabeza ingenieril me dice que deberíamos repetir estrategia. Esto quiere decir que a mediados de abril deberíamos dejar las estimulaciones y pinchar el fármaco del demonio.

Pero claro, si la transferencia sale mal, ¿voy a estar decapeptilizada inutilmente cuatro meses hasta que vuelva a hacer la siguiente transferencia? Se me ocurren mejores maneras de torturarse a uno mismo la verdad, maneras más llevaderas.

Y por último, otro tema que me taladra la cabeza, la fragmentación de doble cadena en el semen. Aparentemente muchas parejas están encontrando la explicación a historias larguísimas de infertilidad y, lo que es mejor, están encontrando solución porque las muestras de semen con alta fragmentación de doble cadena se pueden hacer pasar por un dispositivo, el Fertile Chip, y así seleccionar a los espermatozoides no afectados. Obviamente, a estas alturas de la película y a pesar de que nuestra infertilidad no es de origen desconocido (más bien nos sobran los motivos) no íbamos a dejar esa prueba sin hacer. Así que, hace un par de semanas metí a mi chico en un tren a Barcelona para dejar su muestrita. El problema es que en nuestra clínica no tienen el Fertile Chip. Es decir, si el resultado de la prueba sale alterado o nos cambiamos de clínica o nos encadenamos a la puerta del IVI para que nos hagan caso. Teniendo en cuenta que no estamos hablando de una clínica pequeña, dudo que vayan a hacer ese esfuerzo por un par de pacientes (si bien no somos malos pacientes, calculo que hemos finanziado nosotros solos la sala de espera y un par de consultas). Así que creo que mi preocupación principal ahora (y mira que tengo muchas) es que la prueba de bien. Ni ovocitos ni leches. Que el semen de mi chico esté bien. Porque sinceramente no me queda fuerza para recoger a nuestros 4 embrioncitos que ya han viajado, a nuestros 11 ovocitos e irnos con la música a otra parte. No puedo rizar más el rizo.

Así que en esas estoy…Zika, fragmentación de doble cadena, estimulación de fase lútea, el paro, un daikiri, yo qué se…

 

La teoría de la relatividad (infértil)

Hoy quería poner sobre el papel una teoría que no por obvia es menos real y creo que bien merece un puesto en el mundo científico. Se trata de la teoría de la relatividad infértil y consta de dos principios fundamentales:

1. La percepción de infertilidad cambia con el tiempo. Una situación infértil que te parece mala hoy te puede parecer un regalo mañana.

2. La percepción de infertilidad cambia con la persona. Una situación infértil que a tí te parece mala a otro le puede parecer decente y esperanzadora.

Con respecto a la relatividad infértil temporal tengo tantos ejemplos… Tantas “Yos” del pasado a las que mi “Yo” del presente les daría un bofetoncito para decir, ya te acordarás, ya…

Por ejemplo, cuando nos empezamos a plantear hacer un tratamiento me parecía el “novamás”. Una In Vitro, ¡por dios!, ¿como se lo diremos a nuestros hijos? Su vida empezó en un laboratorio, ¿les afectará eso?… ¿Dónde quedó eso?

Recuerdo luego el segundo tratamiento. Me sacaron 5 ovocitos. Cuando me desperté de la anestesia y me dijeron el número me puse a llorar. ¿Por qué a mi? ¿Por qué solo 5 si a la única conocida que tenía en el mundillo le habían sacado 14? Jaaaa a mi yo de entonces. ¿Dónde puedo firmar por esos 5, pringada?

Desde entonces la cosa se ha ido complicando. La vida nos ha ido enseñando que este cuerpito mío, aunque se esfuerza, es medio lento. Por eso, supongo, que le vamos pidiendo menos.  Así, cuando el último ciclo terminó con un balance de 2 ovocitos maduros por poco descorchamos champán. Wow, 2 ovocitos!! ¡Es el doble de uno que es lo que esperábamos!

Pero en algún sitio hay que parar así que mundo, destino o capullo que esté manipulando mi reserva ovárica, ya está bien. El lunes fuimos a la primera eco de este nuevo ciclo y ahí estaban mis modositos tres folículos dignos con sus dos compañeritos pequeños que casi nunca se animan. Bien, escenario conocido. De ahí crecerán dos y con suerte incluso tres. Pues hoy (dos días más tarde) volvemos a eco para ver que basicamente casi todos han desaparecido. Hay un folículo grandullón, el del ovario derecho de siempre (que para colmo no sabemos si es quiste) y como mucho otro que es bastante más pequeño. He querido poner una queja. Ese no es mi ovario. Eso no estaba así. Si me dejas un rotu te pinto dónde estaban mis otros folículos. Nada…ni rastro. ¡Que alguien me devuelva mi reserva anterior, no era tan mala!

Hablemos ahora de la relatividad infértil personal y para muestra un botón. Hace unos meses me encontré en mi portal a una vecina. Es muy majilla, tendrá unos 30 años y nos llevamos muy bien así que está al corriente de nuestra situación. Pues bien, según me vio no esperó ni dos frases para echarse a llorar: Por lo visto su chico y ella llevaban tres meses intentando embarazarse y”no había manera”. Entre medias sus dos mejores amigas le habían comunicado la féliz noticia y, claro, ella estaba angustiadísima. Hasta ahí, bueno, lo entiendo, este tema pone nervioso a cualquiera. Yo también pasé por ahí. Pero cuando me empieza a hablar en plural como:

-Sólo nosotras entendemos lo duro que es intentar quedarte embarazada y no poder.

o

– Tía, ahora sí que te entiendo.

Ahí ya no. Ojalá amiga, ojalá yo tuviera mis ovarios llenos de ovulitos de 30 años y mi mayor síntoma de infertilidad hubiera sido no quedarme embarazada tras tres meses de intentos. Entiendo que su problema le agobie, para todos, nuestros problemas tienen una dimensión distinta a los del resto pero ponerse a jugar en mi misma liga…Creo que hay que tener un poquito de perspectiva.

Y del mismo modo supongo, que aunque a mí me parezca que un día de estos me llevo el Oscar a la Más Infértil, hay parejas, hay chicas que lo tienen más crudo. Que han tenido que tomar decisiones más difíciles y ser mucho más valientes. A vosotras, si me leeis, perdonad si me quejo demasiado. Mucha fuerza.

Y…hablando de relatividad. Con respecto a los premios madresfera, no gané. No me quedé ni cerca. Décima posición creo. Pero recibí votos y comentarios preciosos. Eso junto a las personas que me escriben en cada entrada me hace sentir muy acompañada. Este blog me ha acercado a personas increibles, algunas ya fuera de esta lucha y con objetivo cumplido, pero que no me sueltan la mano. Si además sigo recortando posiciones ( el año pasado quedé en posicion 13, este año décima) quien sabe…

Aunque me gustaría no tener que esperar a Madresfera para el gran premio!!

Gallina ponedora…o mis ganas de serlo.

Este blog siempre me ha servido para desahogarme, para coger algo de perspectiva con las historias que nos iban pasando, para ordenar mis ideas. La verdad es que ha resultado muy terapéutico para mí, pero, me doy cuenta de que, como blog para que otros lean, es bastante caótico. Así que voy a contar qué estamos haciendo ahora y qué pensamos hoy que haremos en el futuro (esto puede cambiar en cualquier momento) con respecto a nuestro temilla infértil.

Tras el diagnóstico de celiaquía que nos dieron en Octubre, nos recomendaron dejar pasar al menos 3 meses sin comer gluten antes de hacer la siguiente transferencia. Al principio, como cualquier noticia que alarga la espera, fue un jarro de agua fría, pero, como ya tenemos callo en los “cambios de planes”, rapidamente busqué qué hacer en ese tiempo. Y claro, en mi pensamiento infértil un mes es sólo una unidad de tiempo en la que se puede (con suerte) sacar ovocitos. Así que nos pusimos al lío. Decidimos que haríamos tres ciclos de estimulación y que estos serían los últimos. ULTIMOS (da vértigo). A partir de ahí, si no cuajaba, despediríamos a mis ovarios de esta telenovela y pasaríamos a ovodonación con la conciencia tranquila de haberlo intentado hasta la saciedad.

Así llevamos haciendo ciclos desde Noviembre. El primero, ya lo sabéis. Dos ovocitos, solo uno vitrificable. El segundo, un ciclo de los que te devuelven la fé en tu cuerpo, en la medicina y en los pedazo de ciéntificos que inventaron el omifin. Fueron cinco ovocitos, los cinco maduros.

El tercer ciclo, justo a la vuelta de navidad, tenía buena pinta. Muchos folículos antrales para mis estándares!(leáse “muchos folículos antrales” como 6 en total).Mi chico y yo salimos de la segunda eco muertos de risa diciendo “Cuidado!! A ver si hiperestimulo!! Sin embargo, cada folículo estaba haciendo la guerra a su rollo y terminamos con dos folículos dominantes. Al final nos quedaron dos ovocitos vitrificables. Así que, de momento, nuestro recuento de papeletas para el sorteo del bebé es 4 embriones vitrificados + 8 ovocitos.

Y pensareis, ya hemos hecho los tres ciclos…Pues sí, pero 8 ovocitos en alguien de mi edad y con mis antecedentes son tan poquitos…Para tener una oportunidad medianamente decente necesitaría del orden de 20. Obviamente, a mi velocidad de tortuga coja, a ese número no voy a llegar, pero acordé con mi chico hacer otros tres ciclos, osea un total de seis.

Y ahora estamos a punto de terminar el cuarto. Como llevaba muchos ciclos seguidos de omifin y esto puede atrofiar el endometrio, decidimos cambiar de protocolo. Probamos el Microdose Flare up Lupron que básicamente es como un ciclo largo (con Decapeptyl o Procrin para frenar los ovarios) pero en dosis mucho más bajas de agonista y durante menos tiempo. Este protocolo se utiliza en EEUU en baja reserva así que pensé por qué no intentarlo…Pues error. No sé si ha sido el protocolo o es el DHEA o es mi cuerpo que está cansado pero, de nuevo, hay un folículo mucho más grande que los demás que probablemente nos obligue a ir a punción demasiado pronto.

Salimos de consulta arrastrando los pies. Nos hemos dejado un dineral en este ciclo porque utiliza mucha medicación y me he tenido que dar 5 pinchazos al día. Por justicia tendría que haber sido un buen ciclo pero, como dice mi psicóloga, la vida no es justa o injusta, es simplemente vida.

Así que esta soy yo hoy. Un proyecto de gallina ponedora que se alimenta y cuida con el único fin de conseguir huevitos. Muchos huevitos ya sabemos que no van a ser pero, ¿podrían, por favor, ser buenos? Alguno??Pleeeeease!

Por si las moscas repito el llamamiento del año pasado. Alguien me ha vuelto a nominar (GRACIAS!!)para los premios Madresfera 2017 en la categoría de infertilidad. Sigo sin saber si el premio es un bebito pero lo que si sé es que quien ganó el año pasado, tiene ahora un bebé en casa…Coincidencia?!! Dejo el enlace en la parte superior de la página por si alguien quiere ayudarme a averiguarlo…

 

Feliz cumpleaños yaya

Güeli, yaya, agüe, abuelilli…todos estos eran tus nombres. Creados para decirte Te quiero en cada frase. Porque cuánta necesidad tenía de abrazarte, de estar contigo, de oírte y de olerte.

Envuelta en tu bata rosa con los bolsillos llenos de pañuelos, tan pequeñita pero tan enorme, nos despedías desde la puerta de tu casa. A mí se me partía el alma cada vez. De niña porque te echaba de menos antes de haberme ido y de mayor porque me daba tanta pena que tú nos echaras de menos…

Qué distintas somos güeli…Tú estoica, sacrificada, no te fatigabas nunca. Siempre pensando en hacernos la vida más feliz a todos, llenando nuestros estómagos de las mejores migas con chocolate, churros como no he vuelto a probar, croquetas, tortillas como ruedas de carro, hasta tus sopas de fideos eran extraordinarias. Y sin admitir nunca un gracias. Cuando se me ocurría decirlo hacías como que me pegabas con la sartén :

Te , te , te hundo!! A mí con gracias…

Disfrutar nunca fue tu objetivo, ese es un capricho de mi generación. Pero llevabas con sonrisas tus derrotas, con resignación tus penas y fuiste sembrando a tu alrededor, sin querer o queriendo, un reguero de personas que te adoraban.  Me daba tanto orgullo cuando me preguntaban en el pueblo aquello de :

¿Y tú de quién eres?

Nieta de Isabel, respondía yo más ancha que larga. Y a partir de ahí siempre había comentarios. Que si tu abuela me sacó de pila, que si me dio de comer en la guerra etc.. Yo pensaba por aquel entonces que los adultos eran todos ejemplares por definición pero el tiempo te fue colocando en tu sitio.

La adolescencia me trajo mucha tontería y, casi sin querer, otras citas ocuparon mis días hasta dejar muy poquito tiempo para verte. Si pudiera volver atrás, qué no daría yo por pasar una tarde contigo en el sillón.

Tu última época, sin embargo, me pilló más adulta. Ya era consciente de lo valiosos que eran los ratitos que me quedaran contigo así que intenté apurarlos. Tú ya no estabas igual, tu memoria se había ido, pero seguías teniendo la misma risa, el mismo corazón y a mí me sobraba con eso. Sufrí al ver cómo te deteriorabas pero también agradecí que nos dejaran tenerte cerca año tras año. Yo no quería que te fueras nunca. Me daba pánico, pensaba que no podría encajarlo. Pero el día llegó, te fuiste tranquila, dando tiempo para despedidas y yo ví que, en realidad, te llevabas yendo hace tanto tiempo que el final fue solo natural. Me dejaste una buena paz, me ayudaste tú misma a superar tu muerte.

Luego llegó esta vorágine infértil. Las pruebas, la obsesión, las prisas y yo te pedía cada noche que nos ayudaras, que hicieras que funcionara el próximo intento. Qué idiota, como si no supiera perfectamente que si de ti dependiera no me habrías dejado derramar la primera lágrima.

Ahora te pido otro tipo de ayuda, yaya. No dejes que te olvide. No dejes que me olvide de cómo me estrujabas la mano hasta hacerme daño “de lo que me querías”, de los cuentos de alforjas y pelos voladores, de cuando tenías miedo de “contagiarme la vejez”, del mejor burro sin manta, del ¿y qué dedo me corto?, del sabor de tus comidas, de tu abrazo, de tu hijita querida, de la curianita…

Y quizás, solo con eso, todo sea un poco más llevadero.